viernes, 24 de julio de 2009

Confusión

El aprendiz va y viene, sube, baja, monta en coche, en autobús, anda y corre de acá para allá, siguiendo a su compañera que atiende familia de más allá del oceáno por motivos equis. Con tanta gente alrededor, recibiendo impactos emocionales de aquí y de allí, se encuentra cada vez más cansado y protestón. Idas y venidas de los más normales: excursiones, museos, comidas especiales.
Se entiende que hablando la mayoría de la gente con la que se encuentra en un idioma diferente al suyo, el hombre no tenga más remedio que callar. Los gestos pueden llegar a decir muchas cosas, pero más allá del lenguaje corporal hay otro lenguaje más sutil con el que las personas pueden maldecir o bendecir a otras personas. La brujería y la magia dan cuenta de una realidad que está por encima de las realidades comunes.
En la vida comprensible con la razón, ocurre algo curioso. Está en una mansión, bajo un porche muy amplio y muy lujoso. ¿Para que vamos a describir la mansión? De esas que salen en las películas que cuentan vidas de ricos.
Los camareros van y vienen llenando copas y ofreciendo canapés a tutiplén. El jefe del servicio corta jamón de pata negra. La hija pequeña de la casa acaba de tener descendencia y todos se vuelcan en madre e hijo, especialmente su abuela, el ama de la casa, la jefa.
Unos se alejan a la piscina, otros pasean por un pequeño bosque, toman unos el sol y otros la sombra. el día es magnífico y todo invita a disfrutar de la vida. El aprendiz se adosa al hombre que quiere la jefa y juntos beben y comen, cada cual a su ritmo, el aprendiz que aborrece sentirse borracho y hastiado, con suma prudencia. Juntos hablan con los camareros de todo y de nada. De negocios, de mujeres, de viajes... El compañero del aprendiz es machista, del tipo del que habla Barico en su Gomorra, pero tremendamente gracioso y de conversación inagotable y divertida.
Cuando terminan los canapés de frutas y los dulces, a tutiplén los dos sujetos se acercan a la piscina y se bañan.
-¡Qué buena está el agua, tú!
-¿Yo? Está de río de montaña.
-¿Fría dices? Está buenísima.
-Ya te digo, de río, fría.
-Eso no es decir nada, en mi tierra dicen que el agua está fría, muy fría y pa su puta madre.
-¡Jajajajá! ¡Eso si que tiene que ser frío!
El aprendíz salió del agua y se fue a por una copa de güisqui, al poco el otro lo siguió y se fue a por otra.

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