viernes, 17 de mayo de 2013

Inspiración sobre el libro de Job

¿Encendiste tú las luciérnagas de los cielos?
¿Condensaste tú las aguas de los oceános?
¿Fuiste tú acaso el creador de la Imagen?
¿Diste tú forma, a la variedad de las flores?
¿Pusiste tú el sabor en las lenguas de los hombres?
¿ Fueron tu ópera los colores y los ojos?
¿Fue tu voluntad la armonía de las estrellas?
¿Tú fuiste el que dio vida al aire y a la tierra?
¿Dictaste tú la Ley que rige la Creación?
¿Sembraste tú los anhelos en tu corazón?

miércoles, 8 de mayo de 2013

El paradigma desnudo

   Costaría mucho demostrar, si es que se puede, la superioridad de consciencia de los hombres sobre el resto de seres creados. Ni en la más megalómana de sus imaginaciones el hombre puede considerarse a sí mismo Regente de la Creación. Hasta el momento sólo conoce una mínima parte de ella y unas cuantas de sus leyes. Los hombres no son los reyes del Universo. Ocupan una parte de dimensiones infinitesimales comparada con la parte que se sabe que existe, que a su vez no es más que una parte infenitesimal de otra parte, de otra parte....
   Ni aún siendo muchísimo más modestos, y considerando sólo el planeta Tierra, pueden decir los hombres que son sus Regentes. Contravenir las leyes que hacen que el corpúsculo en el que viven los hombres se mantenga en condiciones para ser habitado supondría su propia extinción.
   Siendo realistas y por poco que se conozca la naturaleza de los "seres vivos" ni tan siquiera el hombre puede considerar que su capacidad de supervivencia sea superior a aquellos. Hongos, bacterias y plantas podrían sobrevivir en condiciones en las que los hombres no podrían hacerlo.
   ¿En dónde está la superioridad del hombre?
   A los hombres sólo les queda adaptarse lo mejor posible a una Tierra que les es absolutamente necesaria. El proceso histórico del hombre sobre la Tierra es un proceso de aprendizaje del mejor modo de supervivencia de la especie. Todas las culturas humanas, con sus economías, sus sociedades  sus ideologías, sus políticas, sus éticas y sus morales han aspirado a sus particulares supervivencias en el espacio y en el tiempo. Ninguna de ellas se ha demostrado hasta el momento perfecta.

   Las religiones y las ciencias, a veces confundidas, a veces separadas y raras veces integradas, han tratado de explicar el Mundo y la Humanidad.
   El más profundo de los dilemas humanos se plantea en el momento en el que algunos hombres toman consciencia del Bien y del Mal. El hombre no deja de ser un animal instintivo que se orienta a la supervivencia de familia, clan o tribu, pero además piensa, reflexiona sobre su lugar en el mundo y plantea explicaciones. Se sea religioso, se sea científico o se sea las dos cosas al tiempo, no se puede negar que en el mito de Adán y Eva se oculta una verdad incontrovertible: Hay un momento en el tiempo en el que el hombre además de moverse y sentir, piensa y sueña, y en lugar de considerarse a sí mismo un ser creado, empieza a considerarse también un ser creador.

   Fijar en el espacio y en el tiempo los momentos en los que el hombre comienza a pensar y a soñar, sería fijar dos puntos axiales de su destino. No sabemos, ni tan siquiera por aproximación, cuando y dónde el bípedo erguido comienza a pensar, ni el tiempo ni el espacio que transcurre entre este momento y el otro momento en el que empieza a soñar, pero es indudable que ese momento y ese lugar existen. La explicación más plausible para acercarnos al dato del tiempo en el que estos hechos se originan por primera vez, ha de derivarse de la hipótesis que planteó  un filósofo italiano olvidado  a finales de los años setenta: "La evolución del hombre singular de hoy recapitula la evolución de la especie". El tiempo que tarda un niño desde que anda hasta que piensa y luego hasta que sueña, nos ha de proporcionar, si somos capaces de descubrir la fórmula que convierta este tiempo del humano singular en el tiempo de la Humanidad, el momento exacto en el que los primeros seres humanos comienzan a pensar y a soñar.