viernes, 17 de julio de 2009

Sólo había una esquina umbría en uno de los bancos. Era tan estrecha que ni él, cabeza de viejo en cuerpo de niño, cabía. Permaneció al sol un par de minutos totalmente abstraído y al fin decidió sentarse en el rincón del banco a la sombra.
Llevaba el periódico, pero había fallado el sudoku y no le interesaba ninguno de los titulares. De pronto vió un hombre cruzar ante sus ojos y pararse a su derecha. Lo miró distraidamente. Iba vestido con una americana verde que pensó parte de un traje, pero el pantalón era del mismo color, pero no del mismo tono. Era un hombre alto y elegante, una mezcla muy armónica entre un Apolo y un Mercurio.
Iba a abrir el diario cuando el hombre se sentó a su lado y le saludó. Al momento empezaron a hablar sin presentarse el uno al otro de ninguna manera.
- ¿Y ese libro?-inquirió el aspirante.
- Señas de Identidad, de Goytisolo.
- Lo leí en mis tiempos jóvenes.
- Lo estoy entendiendo más.
Al aspirante le sudan las manos mientras se intenta abrir a los recuerdos.

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