miércoles, 28 de febrero de 2018

La meditación

   La meditación es la facultad humana de conectar con el universo y consigo mismo. La meditación es la facultad humana menos desarrollada. La mayoría de las personas que meditan lo hacen acompañados de otros meditadores y de un maestro, pero la facultad de meditar ni la dan los compañeros ni la da el maestro.
   En realidad, meditar es mucho más fácil de lo que se piensa. El niño empieza a andar sin darse cuenta y a hablar sin darse cuenta, del mismo modo el meditador empieza a meditar. De verdad que es muy fácil. Cada ser humano tiene su forma de meditar aunque en el fondo todas las formas de meditación llevan al mismo lugar.
   Lo más sencillo es tenderse a todo lo largo y cerrar los ojos. Entonces surgen como de una fuente los pensamientos y las sensaciones. Esto me pica, esto me molesta, vaya mierda de día, qué interesante la película…… El meditador que ya esta preparado deja que las sensaciones  y los pensamientos pasen sin tratar de detenerlos ni de darles rienda. No pasa nada. Si se tiene que cambiar de postura y buscar otra q más cómoda, sin problemas.
   A lo mejor los primeros días uno no sale de la contemplación de los pensamientos y sensaciones yendo y viniendo. Pero llega un día que sin saber como nos encontramos de frente con el vacío del que surge todo. Los hay que atienden a la respiración, otros a los latidos del corazón y otros al pitido en los oídos.
   Hay quienes llegan a meditar ayudándose de un mantra que puede ser cualquiera que refleje nuestro estado espiritual de cada momento. No importa la tradición religiosa a la que el meditador pertenezca ni si no tiene ninguna tradición religiosa. Un mantra es un deseo ardiente. Amor, compasión, Bhrama, Shiva, Jesús, Rahmán… Es un camino seguro siempre porque al final en el meditador no queda más que aquello en lo que medita.
   Hay que no se ayudan de mantra alguno, que simplemente se disuelven en el vacío sin color y en la vibración de fondo y entran en un estado de ausencia total de sufrimiento. Hay personas que empiezan a meditar sin mantra, luego con mantra, luego sin mantra y al final lo mismo les da. La meditación es igual de maravillosa.
   Un solo paso en la meditación ya trae beneficios. Llegar a percibir como llegan y se van los pensamientos es un logro que en la realidad de cada día se traducirá en sosiego donde antes había tensión, en paciencia donde antes había ansiedad, en comprensión donde antes había confusión y en muchos y muchos más beneficios.
   Un minuto de meditación son dos minutos de ausencia de sufrimiento.
 

miércoles, 21 de febrero de 2018

Un discurso diabólico.

   Terrible dilema el de los filósofos, en un tiempo en el que domina el genetismo, la variante moderna, con marchamo científico, de la doctrina  que enseña que el  destino es inexorable, y que los seres humanos son incapaces de determinar sus propias vida.  Todo está en los genes, nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro.
   Impotentes ante nuestras propias pasiones no nos queda más remedio que conformarnos con el gen del arrepentimiento o del perdón, en una vorágine que nos lleva del nacimiento, que no elegimos, a la muerte, que tampoco podemos elegir. Hasta los suicidas son víctimas de sus genes.
   El genetismo radical convierte a los humanos en robots programados por la herencia.
   Se nace tonto o listo, fuerte o débil, cuerdo o loco, dominante o sumiso, codicioso o generoso, impulsivo o reprimido, envidioso o noble, traidor o leal….. con el único objeto de sobrevivir. Vicios y virtudes dejan de ser valores morales para devenir consecuencias inexorables de un código genético heredado.
   Las consecuencias de esta filosofía dominante, inoculada desde la infancia desde todas las tribunas sean éstas vivas o mediáticas, son el conformismo social y político. Nada se puede hacer. Los poderes ocultos lo controlan todo. Resistencia y disidencia son inútiles. No hay más remedio que luchar en las selvas de la economía que a cada cual le toca si no se quiere sucumbir a la marginación y a la miseria.
   Un discurso diabólico que esconde la incapacidad de la actual organización política, económica y social. Incapacidad para pensar  un futuro más saludable, más pacífico, más armonioso y más justo que el presente.
   Se avecinan tiempos revueltos.