lunes, 18 de enero de 2016

España, una breve mirada histórica. De la pérdida de las colonias americanas a la Expo del 92.

   España fue durante tres siglos un gran estado colonialista, el mayor estado colonialista de la historia del mundo en su momento álgido. Independizados todos los territorios continentales de América del Sur que dependían de la Corona de España en las primeras décadas del siglo XIX, España pasa a ser una nación sin importancia del sur de Europa, atravesada por tres guerras civiles y decenas de procesos revolucionarios y contrarrevolucionarios. El Ejército es la fuerza que dirige la nación, la reina Isabel II es una marioneta que pasa de manos de un general a otro. En 1868 la situación es tan bochornosa que es depuesta la reina y se abre un proceso que acaba con la proclamación de la Constitución del 1869,  en la que  se recogen  los derechos y libertades que en Francia, Reino Unido o EEUU ya existían casi un siglo antes.
   El Ejército y la Nobleza, con el consentimiento de Francia y Alemania, implantan en España una nueva monarquía. Un segundón del Reino de Saboya, una pequeña región en el norte de Italia, Amadeo, es proclamado rey. Pero el experimento dura apenas dos años y es entonces cuando se proclama la Primera República. Las fuerzas que unidas habían logrado implantarla, una vez en el poder, se separan y se enfrentan, dando lugar a cambios constantes en la presidencia del gobierno. Cuatro presidentes en apenas un año. España se disgrega sin que los unionistas, que representan los valores democráticos, puedan impedir que los motines y sublevaciones se extiendan por todo el país. El Ejército vuelve a tomar el poder y restaura la monarquía borbónica en la testa del único hijo de la aborrecida reina Isabel II, que a la sazón tiene 18 años, Alfonso XII.
   El reinado de Alfonso XII, que muere pronto, y la regencia de su madre María Cristina, coincide con un período de pujanza de valores éticos, morales y económicos nuevos. La idea clave es regeneracionismo en todos los planos. El sistema político se estabiliza con el turno de dos partidos, uno liberal y otro conservador. En esta tesitura de claro avance en todos los ámbitos de la sociedad, se produce la pérdida de las dos últimas colonias: Cuba y Filipinas. 1898. Hito que recoge el titánico esfuerzo de un pueblo por redimirse. Antonio Machado, Miguel de Unamuno, Pío Baroja y Ramón María del Valle Inclán, entre otros escritores, reflejan en sus obras y en sus vidas este titánico esfuerzo.
   A principios del siglo XX, el analfabetismo en España es del cincuenta por ciento, pero entre los jornaleros agrícolas y los marineros pasa del ochenta por ciento. Los movimientos anarquistas hacen acto de presencia. Quieren acabar con el sistema que mantiene a millones de personas a poco más que a pan y agua. En veinte años matan a tres presidentes del gobierno y atentan contra el nuevo rey Alfonso XIII. El anarquismo en los primeros veinte años del siglo XX es el único movimiento popular de masas que se opone a las aventuras colonialistas del ejército español en el norte de Africa.Puede decirse que el anarquismo español, los magnicidas no son más que una minoría, sienta las bases del neutralismo en la Primera Guerra Mundial, que tanto beneficiará a España.
   Además de los anarquistas, hay otra organización importante cuya actividad acelera los cambios en la política española. Ya no hay turnos que valgan en el gobierno, los presidentes se suceden uno tras otro. Antonio Maura, representante del partido conservador, es cinco veces presidente del gobierno, menos de dos años la vez que más tiempo está en el poder. El rey y los militares se han metido en un proyecto colonialista por puro interés económico propio. La corrupción y las leyes especiales para los ricos frente a los pobres lleva a España a una situación caótica e imprevisible.
   El general Primo de Rivera toma el poder y emprende una nueva política, luego de enterrar el muerto del escandaloso fracaso en Marruecos. Primo es un hombre maduro, de carácter fuerte, que tiene muy claro lo que quiere. Su intención es llevar a cabo una transformación económica que aumente la producción agrícola y el comercio y para ello emprende un plan de Obras Públicas, en especial hidráulicas y viarias. Declara ilegal la actividad de los sindicatos anarquistas y apoya a escondidas al sindicato socialista UGT.
   Primo de Rivera no es un militar metido en política, es un político que además es militar. Siete años seguidos en el gobierno, cuando en lo que iba del siglo nadie había estado más de dos, es algo a considerar. Al final, nuevos partidos irrumpen en la escena política. La mayoría se declaran republicanos. Hasta parte de los conservadores se hacen republicanos. Primo está cansado y sabe que es inevitable que llegue la República. Hombre íntegro y respetuoso pone fin a una guerra inútil e impulsa la modernización de España sin tener para ello que eliminar físicamente a sus adversarios políticos. Suya es la famosa frase en referencia a Valle-Inclán, que abominaba de su política, cuando se cruzaban en el café de la Granja del Henar. "Tan eximio escritor como estrafalario ciudadano", dando muestras de un liberalismo poco esperable en un dictador.
   La República era la aspiración de intelectuales y masones, representantes de un pensamiento liberal con tintes sociales muy acusados. Pero no contaban con que el anarquismo, liberado del ojo de Primo, no estaba dispuesto a que la República mantuviera ningún tipo de privilegio para nadie. El partido socialista está dividido, pero aún y así, su influencia es creciente entre las masas obreras y campesinas. El Partido Comunista es sólo un germen. Los Conservadores, los representantes genuinos de los intereses clasistas del Ejército, la Iglesia y los terratenientes y del orden feudal dulcificado, pierden las primeras elecciones, pero ganan en las siguientes. Los problemas de orden público se multiplican, algunas regiones empiezan a hablar de secesión, y los mineros asturianos, revolucionados por los socialistas más radicales son masacrados a cientos por orden del gobierno. El general que manda la represión es Franco.
   Los partidos de izquierdas se unen en el Frente Popular y logran ganar otra vez las elecciones. Azaña, un republicano centrista, es elegido presidente del Gobierno. En sólo cinco años, el sueño de la República está a punto de convertirse en la pesadilla de la Guerra Civil. La buena voluntad y la inteligencia de los republicanos moderados y regeneracionistas no logra detener la fractura social. España se ha dividido en dos bandos y se diga o no se diga, dos meses antes de que estallara la guerra ya se sabía que se estaba preparando. ¿A qué si no el jefe del gobierno es nombrado también ministro de la Guerra?
   Una guerra para evitar una revolución para unos y una guerra para más tarde o más temprano hacer la revolución para otros. El caso fue que durante casi tres años, los españoles se enfrentaron entre sí en una guerra que trajo mucha más muerte y sufrimiento de lo que nunca se pudo imaginar. No fue tanto la mortandad en combate cuanto la mortandad en la retaguardia, donde se asesinaba al enemigo desarmado. La ira, el rencor, la envidia, la maldad sin adjetivos.
   Franco gana la guerra y se convierte en dictador, como Hitler, como Mussolini, como Salazar, como Dollfuss. Estalla la II Guerra Mundial y España, exhausta, no puede hacer otra cosa que esperar. Tanto Alemania como Italia saben que Franco no puede de ninguna manera entrar abiertamente en la guerra, pero pactan con él ayudas secretas, en especial de material específico para la construcción de armas de última generación.
   El desenlace de la guerra, la derrota total de los países del Eje, deja a España en una situación muy delicada. Ocho años de aislamiento que se conocen como los años del hambre. Gracias a las importaciones de trigo de la Argentina de Perón, los españoles se libran del hambre. Años de estraperlo, contrabando y cartillas de racionamiento. Tristes años de estancamiento económico, dictadura política e ideológica y fractura social. Pero Franco resiste el bloqueo de los grandes países y de la ONU, que al final aceptan su régimen a cambio de bases militares para los Estados Unidos de Norteamérica en suelo español.
   La situación económica empieza a mejorar, pero la introducción de la mecanización plena en los grandes latifundios agrícolas da inicio a un movimiento migratorio jamás visto en España. Familias enteras de jornaleros de toda España se trasladan a Francia, Alemania, Bélgica, Holanda y
Suiza en Europa y a Venezuela en América del Sur. La mayoría de la emigración sin embargo es interna, sobre todo a Barcelona y en menor medida a Madrid. En estas ciudades se establecen en chabolas en los extrarradios la mayoría.
   Una nueva clase política, que ya no es ni militar ni falangista, a la que se da en llamar tecnócratas, afiliados al Opus Dei algunos, toma las riendas de la Economía. Las cartillas de racionamiento desaparecen y la leche en polvo y el queso de los USA. Se extiende la Seguridad Social y la represión se suaviza. España sigue siendo un país triste en blanco y negro, pero las heridas de la guerra se van cerrando. En el año 1963 sin embargo, aún es ejecutado un dirigente comunista.
   El franquismo está más que consolidado y saca pecho con la gran campaña de propaganda de los 25 años de paz. Se celebra un referéndum sin oposición para aprobar nuevas leyes. La economía empieza a ir cada vez mejor. Se sientan las bases de una educación universal obligatoria y gratuita y los estudiantes de bachillerato se multiplican gracias a los nuevos sistemas de becas. El turismo comienza a expandirse.
 Del burro a la bicicleta, de la bicicleta a la motito y de la motito al cochecito en media docena de años. España comienza a colocarse entre los países desarrollados. Se universaliza la Educación y se construyen casas y pisos de protección oficial reduciendo el chabolismo de forma muy considerable. La mecanización total del campo origina una nueva marea de migraciones internas, de las zonas agrícolas a las zonas turísticas, especialmente al Levante y Baleares.
   Han pasado treinta años desde el final de la Guerra Civil. Los miedos, las tristezas y las miserias  dejan paso a las esperanzas. El Régimen de Franco empieza a desmoronarse políticamente cuando la situación económica es más positiva que nunca, con muy poco paro y sueldos en alza que empiezan a introducir a cada vez más gente en la sociedad de consumo. La disidencia política logra paralizar la educación superior, mientras se suceden las protestas por el juicio de sindicalistas y nacionalistas radicales. En la clandestinidad se comienzan a organizar decenas de pequeños grupos antifranquistas.
   Cuando la organización militar vasca ETA asesina al presidente del gobierno, el almirante Carrero Blanco, la mano derecha de Franco, el Régimen, agotado, comienza a zozobrar. El dictador está cada vez más débil y enfermo, pero pocos son los que piensan que pueda ser depuesto o que él abandone. El terrorismo empieza a tomar protagonismo, pero la respuesta del gobierno no se hace esperar. Tres miembros del FRAP y dos de ETA, dos grupos terroristas, son fusilados tras un juicio militar.
   El rey de Marruecos aprovecha la situación de debilidad del gobierno español para invadir el Sahara, última gran colonia de España en África. El príncipe Juan Carlos, el señalado por Franco para sucederle, viaja a la colonia en un gesto para la galería. Los marroquíes están dispuestos a respetar los intereses de las grandes empresas españolas a cambio de que el ejército español abandone el Sahara.
   El 20 de noviembre del año 1975, tras un par de semanas, que a los españoles parecieron años, de partes diarios sobre la evolución de su enfermedad, Franco muere. Hay largas colas para ver su cadáver expuesto al público. Pero la oposición no pierde el tiempo. El PSOE, que había desaparecido prácticamente en el interior de España en tiempos de Franco, presenta a su secretario general. Las fuerzas del orden no intervienen para detenerlo a pesar de que sigue pesando una orden de prohibición contra ese partido. Los comunistas del PCE y los pequeños grupos maoístas, troskistas y leninistas que habían sido los únicos que habían ofrecido una mínima resistencia a la dictadura, comienzan a convocar manifestaciones contra el Régimen pidiendo Libertad, Amnistía y Estatutos de Autonomía.
   España bulle y no hay manera posible ya de detener la movilización generalizada de la población por unos motivos o por otros. Las huelgas se multiplican así como  las manifestaciones en las calles en todos los puntos de la geografía, pero en especial en Barcelona y Madrid. La extrema derecha actúa matando aquí allá, al igual que la ETA y GRAPO, dos organizaciones que propugnan la violencia. Hay secuestros de altos cargos del estado y amagos de golpes de Estado. Adolfo Suárez, el nuevo presidente del gobierno, antiguo ministro de Franco actúa.
   Adolfo Suárez que también había sido responsable de la única televisión, se presenta a los españoles como el reformador que necesita España para encarar el futuro con tranquilidad, en democracia y libertad. El mensaje empieza a calar entre los españoles. Desmonta las Cortes de Franco y convoca un referéndum sobre la reforma política. El PSOE y el PCE se abstienen de hacer propaganda en contra. Suárez ha pactado con ellos su legalización a corto plazo. Las embajadas de EEUU y Alemania dan el plácet.
   Entonces es cuando la extrema derecha franquista comete su último gran atentado, matando en una calle céntrica de Madrid a cinco abogados laboralistas, hombres y mujeres. La manifestación que se convoca para rechazarlo marca un punto de inflexión en los que años más tarde se llamará la Transición española. Más de cien mil personas se apelotonan en un silencio sobrecogedor cuando los féretros de los asesinados pasan por la plaza de las Salesas donde está el Tribunal de Orden Público. No hay el más mínimo desmán, el más mínimo grito de venganza y la policía no interviene. Cuando el acto acaba y las fuerzas de orden público ordenan la disolución de la concentración, unas quince mil personas siguen apretadas en la Castellana y se atreven a subir por Alcalá. La extrema izquierda tampoco está por la violencia y a la altura de Goya se disuelve. Los disturbios son insignificantes.
   Adolfo Suárez convence a los mejores mandos del Ejército de que ni el PCE ni el PSOE provocarán ningún tipo de algaradas y los legaliza. Como no podía ser de otra manera, Suárez gana las primeras elecciones y proyecta una nueva Constitución que pacta con comunistas, socialistas y nacionalistas catalanes, los nacionalistas vascos se abstienen así como una parte mínima de la extrema izquierda. Los sindicatos también son legalizados y se pacta un acuerdo económico conjunto. La situación parece controlada y el sí en el referéndum constitucional es mayoritario.
   La libertad provoca una explosión de júbilo que no se producía desde la proclamación de la Segunda República. Fiestas, sexo y drogas de todo tipo, la libertad parece no tener límites. Por otra parte, el trabajo no falta y los sueldos permiten a cada vez más gente elevar su nivel de vida. Con el sueldo de un maestro de primaria se podía comprar un piso decente y pagarlo en tres o cuatro años. A pesar de la situación de bonanza y estabilidad generales, la ETA no deja de poner bombas, matar y secuestrar. No es una guerra, ni tan siquiera una guerrilla, es puro terrorismo. Una parte del Ejército hace sonar sus sables. El partido que Suárez ha organizado deprisa y corriendo, comienza a fragmentarse.
   El Partido Socialista mientras tanto, con la inestimable ayuda económica y organizativa de Alemania y la demagogia de Felipe González, su secretario general, comienza a recibir apoyos de cada vez más sectores de la población. Promete mantener a España fuera de la OTAN y hace un discurso pacifista que hubiese firmado Ghandi. Las huelgas y los movimientos reivindicativos no cesan, pero los sindicatos, bien pagados por el gobierno, con cientos de edificios para sus oficinas y miles de profesionales, juegan la baza de la paz social. ETA multiplica sus acciones armadas y el GRAPO secuestra altos cargos del Estado.
   En las calles sigue la fiesta, pero no dejan de escucharse ruidos de sables, conspiraciones para volver a un pasado imposible. Y cuando la reforma del franquismo parecía conclusa, un coronel de la Guardia Civil seguido por un centenar de guardias se lía a tiros en el Congreso y pone cuerpo a tierra a la mayoría de los diputados. En Valencia, la tercera ciudad de España, un capitán general saca los tanques a la calle. Otro general, preceptor del rey durante años, trata de hacerse cargo de la situación. Pasan las horas y el rey, que está en su palacio de la Zarzuela calla. Se mueven los embajadores de las grandes naciones de Europa y la de los EEUU. No están dispuestos a reconocer a un gobierno con origen en un golpe de Estado. El rey no tiene más remedio que claudicar y aceptar que solo podrá reinar si no gobierna. Tuvo miedo de acabar como su cuñado en Grecia o como su abuelo en la misma España.
   Todas las fuerzas políticas, desde Fraga hasta Carrillo salen en manifestación para apoyar el nuevo régimen. La Transición estaba cerrada. A partir de ese momento comienza la andadura de la monarquía parlamentaria. El partido de Suárez, el mejor hombre de la Transición, se parte en trozos cada vez más pequeños, y las elecciones parlamentarias las gana el Partido Socialista encabezado por Felipe González.
   Aquí habrá que reseñar que el cambio de régimen no es tan radical como las apariencias dictan. Jefes de la falange de un pueblo aparecen como alcaldes por el partido socialista en otro. En la práctica, los ministros decisivos del gobierno de Felipe González han sido antes subsecretarios o directores generales en el régimen de Franco. Los advenedizos, como el propio presidente, se despojan de inmediato de sus señas de identidad obrera, sus chaquetas de pana, y se convierten en gerifaltes al acecho de oportunidades de negocio.
   La política se convierte en un juego de intereses económicos y los socialistas se colocan desde el principio a favor de los intereses económicos de Alemania, que es la que dicta las reformas que en la economía española se han de hacer para entrar en la Comunidad Económica Europea. En pocos años, las grandes empresas del franquismo se reestructuran en beneficio de las grandes industrias europeas. El paro lejos de disminuir aumenta de manera vertiginosa. Pero la picaresca se hace dueña del país. La corrupción se extiende por todas las capas sociales. Cualquiera puede cobrar una paga aunque no haya cotizado, cualquiera puede recibir una ayuda económica aunque no haya trabajado. En las alturas, la información privilegiada multiplica las haciendas de los altos cargos, y las comisiones por obras empiezan a estar a la orden del día.
   La gente, lejos de protestar o quejarse, ante la rapiña de los gerifaltes, se pone en su lugar y dice: "Si yo pudiera haría los mismo". Los sindicatos  convocan huelga general para negociar reconversiones de empresas con el gobierno. Comienzan las jubilaciones ultraanticipadas en grandes empresas públicas y bancos privados. El gobierno sólo en casos muy puntuales tiene que lidiar con las protestas de la opinión pública, que en general calla y obedece. Hay sin embargo un asunto muy delicado que el gobierno ha de resolver de una vez. De entrada no en la OTAN a entrada sí. Ganan un referéndum nacional apoyados en las medios de comunicación públicos y privados, que martillean con los argumentos para el sí y ridiculizan los argumentos para el no. Las movilizaciones anti-OTAN no logran su objetivo, pero inyectan en la sociedad un cierto virus pacifista, que habrá de brotar más adelante con más fuerza.
   El Partido Socialista vuelve a ganar las elecciones y ahora por mayoría absoluta. El el tiempo de preparación de las Olimpiadas y de la EXPO del año 1992.
    
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 

jueves, 14 de enero de 2016

Mobbing

   Esta palabra inglesa viene a conceptuar un hecho social que puede ser definido como el acoso de un colectivo humano a un individuo del mismo con el objeto de eliminar su influencia y su poder. En el fondo, el mobbing es más un problema ideológico que sociológico. Todo acaba refiriendo a la concepción del mundo, porque el mobbing es una conducta animal en términos darwinistas, que es la ideología dominante en los ámbitos  del mundo "científico".
   Un moobing clásico empieza por una campaña de desprestigio de la persona a la que se quiere destruir. Si tiene defectos reconocibles se le aumentan, si tiene vicios se le exageran. Se inquiere sobre su vida y se hacen lenguas de lo peor que hay en ella. Se le ridiculiza y se le infravalora. Luego empieza a haber una especie de vacío, de ninguneo, de hacer como que no existe. Empiezan a tocarle los problemas más difíciles y los trabajos más ingratos.
   Si el acosado es jefe se le desprecia ante sus subalternos y si es subalterno se le acusa ante sus jefes. En este punto, se puede recurrir a la calumnia, a inventar falsas acusaciones y a provocar enfrentamientos directos con otros compañeros. Se le intentan negar sus derechos o restringirlos al máximo. Llegan las amenazas de expedientes o de despido y se da paso a un proceso de fiscalización de los papeles.
   El mobbing suele hacer su aparición en empresas enfermas de éxito y sus destinatarias son aquellas personas que han sido fundamentales para el logro de ese éxito. Los nuevos miembros que aspiran al poder y la influencia, se alían con el personal preterido en la fase de éxito y comienzan una labor de derribo de la filosofía que ha llevado al la empresa a lo más alto.
   El fenómeno del que hablamos no ocurre sólo en las grandes empresas, tipo IBM o Microsoft, se extiende con una mala peste por empresas medianas y pequeñas de todo tipo, desde colegios a hospitales y desde industrias a comercios, sin olvidar la Administración Pública, los Ejércitos y las Judicaturas. No hay estadísticas de morbilidad por causa del mobbing, aunque el aumento de las enfermedades depresivas y el índice de suicidios tiene bastante que ver con ello.
   El mobbing es una de las peores enfermedades sociales, con un índice de incidencia muy alto, que hace que todos los elementos de la colectividad sufran graves consecuencias en forma de insatisfacción generalizada, baja eficacia, pérdida de autoestima,  y otras formas de malestar físico y mental.
   En una colectividad donde hace su aparición el moobing el sufrimiento puede llegar a extremos infernales. La primera víctima siempre es la libertad; la diferencia, en lugar de ser considerada una suerte, se la persigue como si fuera la muerte.
   Pero el mobbing no es una vieja historia de buenos y malos, es una historia real donde sean buenos o sean malos, todos sufren. La "víctima" puede acabar fuera de la empresa, con una depresión de caballo y unas expectativas laborales muy inciertas, situación que puede terminar en suicidio o en anulación prolongada de su capacidad de trabajo. El "verdugo" no se queda atrás en cuanto a malestar. En la lucha, ha perdido sus mejores energías, y una vez logrado su objetivo resulta que necesita pastillas e inyecciones para mantenerse en disposición de mandar. No hay alegría en la vida de los "verdugos".
   El moobing es el cáncer de las empresas y si no se ponen los medios para remediarlo, toda la sociedad acabará pagando el precio en forma de decadencia y decrepitud.