viernes, 30 de marzo de 2018

Más gracias

Me pasaría toda la noche dando gracias.
Hasta que el dulce sueño me llevara a otro mundo
en el que seguir dando más gracias y más gracias.

Gracias por haber nacido en un cuerpo mortal.
Gracias por  gozar y gracias por sufrir.
Por amar, por creer, por esperar.
Por desamar, por descreer, por desesperar.
Gracias por los sentidos y por la extinción de los sentidos.
Por la memoria y por el olvido.
Gracias por las luces de todas las estrellas.
Y gracias por la oscuridad de todos los agujeros negros.
Gracias por la salud y por la enfermedad.
Por las alegrías y por las tristezas.
Gracias por la debilidad y gracias por la fuerza.

Me pasaría toda la noche dando gracias.
Hasta que el dulce sueño me llevara a otro mundo
en el que seguir dando más gracias y más gracias.                                                                              

¿Cómo puede un ser humano dar gracias por el dolor?
Porque el dolor es una advertencia de la honda consciencia.
Dar gracias por todas las contradicciones de la existencia.
Por las negaciones que se convierten en afirmaciones.
Por los vicios que acaban en virtudes.
Por los odios que transmutan a amores.
Por la ignorancia que muda en sabiduría.
Por la locura que a la cordura aboca.
Por la compañía y por la soledad.
Por las dudas y por las certezas.
Por los abandonos y por los encuentros.

Me pasaria toda la noche dando gracias.
Hasta que el duce sueño me llevara a otro mundo
en el que seguir dando más gracias y más gracias.

Gracias por la diversidad de los seres.
Gracias por la coherencia de la Creación.
Gracias por  lo que se mueve y por lo que permanece quieto.
Gracias por los sentimientos y gracias por la insensibilidad.
Gracias por los pensamientos y por el vacío de pensamientos.
Por los sueños y por la ausencia de sueños.                                                                                             Por todos los deportes y por todas las danzas.
Por los duendes, por las hadas, por las musas.
Gracias por todas las ciencias, por todas las filosofías, por todas las religiones.
Gracias por los deseos y gracias por la falta de deseos.
Gracias por todo lo que existe y por todo lo que no existe.

Me pasaría toda la noche dando gracias.
Hasta que el dulce sueño me llevara a otro mundo
en el que seguir dando más gracias y más gracias.

Gracias por las noches de invierno junto al fuego.
Por las tardes de primavera al  tibio sol.
Por las mañanas de otoño en la riberas de los ríos.
Por los amaneceres y atardeceres de verano en los campos.
Por la lluvia, por la nieve, por el viento, por el granizo.
Por las nubes de todos los colores, formas y tamaños.
Por las montañas peladas y por los valles verdes.
Por las selvas y por los desiertos, por las tundras y las taigas.
Por los barrancos hondos y por los picos altos.
Por las cuevas, por los volcanes, por las cataratas.
Gracias por la carne del mundo. Y por su alma.

Me pasaría toda la noche dando gracias.
Hasta que el dulce sueño me llevara a otro mundo
en el que seguir dando más gracias y más gracias.

Gracias por el tosco granito y por el puro diamante.
Por cada piedra, por cada flor, por cada insecto.
Gracias por los arrebatos y gracias por los arrobos.
Por las aves que cruzan el cielo y por las que cantan entre el follaje.
Por las playas y las islas de la Tierra.
Por los misterios que se esconden detrás de cada ser.
Gracias por haber sido niño y por haber llegado a viejo.
Gracias por todas las personas a las que amé.
Gracias por los miedos y gracias por las pesadillas.
Gracias por el valor y por los sueños lúcidos.
Y gracias por la ignorancia que es la madre de la sabiduría.

Me pasaría toda la noche dando gracias.
Hasta que el dulce sueño me llevara a otro mundo
en el que seguir dando más gracias y más gracias.

Gracias por todas las lenguas y por todos las cifras.
Por todos los misterios desvelados y sin desvelar.
Por los singulares y los plurales.
Por los masculinos, los femeninos, los neutros y los epicenos.
Por los mandalas y por los fractales.
Gracias por la belleza en todas sus dimensiones.
Por la bondad de todas sus maneras.
Por la verdad con todas sus perspectivas.
Gracias por todos los seres humanos uno a uno.
Gracias por los mundos imaginales.
Por la épica, por la lírica, por el teatro…

Me pasaría toda la noche dando gracias.
Hasta que el dulce sueño me llevara a otro mundo
en el que seguir dando más gracias y más gracias.

Gracias por todas las geografías y todas las urbes.
Por Sevilla, por Córdoba y por Granada.
Por el Darro, por el Genil y por el Guadalquivir.
Por la Alhambra, la Mezquita y la Giralda.
Por Madrid, por Segovia y por Toledo.
Por Ávila, por Salamanca, por Valladolid.
Por Zaragoza, por Barcelona y por Mallorca.
Gracias por todas las ciudades del mundo.
Gracias por todos los paisajes del mundo.
Por Boston, por Nueva York, por san Francisco.
Por Ámsterdam, por Lisboa, por París.

Me pasaría toda la noche dando gracias.
Hasta que el dulce sueño me llevara a otro mundo
en el que seguir dando más gracias y más gracias.

Por Roma, por Florencia, por Venecia.
Por el cañón del Colorado y por las cataratas del Niágara.
Por el Nilo, el Amazonas, el Congo, el Amarillo.
Por todos los templos, por todas las mezquitas, por todas las iglesias.
Por Santa Fe de Bogotá, por Quito, por Lima, por Iquitos.
Por todas las ciudades conocidas y por conocer.
Por todos los climas y por todos los ecosistemas.
Por cada día, por cada hora, por cada minuto, por cada segundo.
Por el entusiasmo y por la desidia, gracias.
Por la cordura y por la locura, gracias.
Gracias hasta por las desgracias. Gracias, gracias, gracias.





















sábado, 17 de marzo de 2018

Destino

Cada instante de la vida es un nacer y un morir.
Vanidad es preguntarse por qué, para qué, de qué.
Nadie nace por su voluntad ni por su voluntad muere.
El nacer y morir de cada instante es la existencia en la Tierra.
Nacer y morir al mismo tiempo, ese es el misterio.
Todo en el Universo al tiempo se mueve y al tiempo se para.
Armonías de estrellas, sincronías de seres, sintonías de almas.
Los seres humanos sufren porque tienen miedo a la vida.
Y también sufren porque tienen miedo a la muerte.
La guerra es la peor de las formas de vivir y morir.


sábado, 10 de marzo de 2018

Hay algo peor que la ignorancia

   Peor que la ignorancia es el conocimiento erróneo. El éxito de la propaganda está en lograr que la gente piense lo que a los propagandistas les interesa, ya sean los propagandistas dirigentes políticos,  económicos, religiosos o científicos de cualquier tendencia. El incauto humano se deja atrapar en unas u otras redes de propaganda y sintoniza sus ideas con la red en la que cae. Lo que no sabe es que sus ideas no son suyas, no son fruto de su reflexión sobre realidades que conoce, sino de otros que inventan una realidad ajustada a sus propios intereses políticos, económicos, religiosos o científicos.
   Un buen lema, una buena consigna, un buen panfleto tienen mucha más influencia social que un análisis objetivo y sin prejuicios de quinientas páginas. La capacidad crítica de las mayorías de abducidos por la propaganda es casi nula. Su nación, su partido, su iglesia, su banco, su hospital son perfectos y fiables mientras que las otras naciones, partidos, iglesias, bancos y hospitales dejan mucho que desear.
   La mayoría de la gente se adhiere a un conjunto de ideas, y aunque jamás se hayan preocupado por conocer su veracidad, contrastándolas con la realidad, si se les hace ver que sus ideas no se sostienen en un conocimiento propio, sino en tópicos del ideario al que se han adherido, se lo toman como si se les estuviese atacando.
   Los propagandistas imponen sus criterios de verdad, de belleza y de bondad, en función de lo que les conviene en cada momento. La mayoría de la gente que trabaja no tiene tiempo de analizar y contrastar la propaganda que les pasan los propagandistas. Y es así que las medias verdades pasan como verdades completas y hasta las mentiras completas como verdades completas.
   Los vendedores de falsas necesidades, de ideas interesadas, de emociones forzadas, se ocupan de llenar la mente y el corazón de la gente con sus promesas de lujo, felicidad y vida. En la realidad todo es falso. Las promesas son humo y la gente en lugar de vivir con más tranquilidad vive con más ansiedad y con más problemas de salud física y mental.
   A la gente se le llena la mente con ideas ajenas, con emociones ajenas, con sueños ajenos. Los propagandistas no dejan tiempo para pensar, sentir y soñar por cuenta propia. Se propagan ideas absolutas sin ninguna base en hechos reales y las gentes las creen, porque su capacidad de pensar, por falta de uso, tiende a ser nula.
   La gente se deja seducir por el nacionalismo, por el populismo, por el consumismo, por la xenofobia, por el sexismo y en general por todo aquello que lo hace distinto a los demás, que lo hace especial, que lo hace sentirse superior a los otros. Los propagandistas conocen muy bien cuáles son las tentaciones en las que la gente cae con más facilidad.
   Lo importante no es la Salud de los humanos, lo importante son los beneficios de las empresas farmacéuticas, lo importante no es la Paz, lo importante son los presupuestos de Defensa, lo importante no es la Armonía con la Naturaleza, lo importante es la producción de lo que sea con tal de que sea vendible.
 

 
 
 

lunes, 5 de marzo de 2018

La meditación 2

   La meditación es la facultad que permite al ser humano conocerse a sí mismo. Todas las religiones y filosofías clásicas hacen del conocimiento de sí la vía para entrar en el misterio del mundo.
   Es fácil empezar a meditar y darse cuenta de que cuanto más meditación más equilibrio físico y emocional. El meditador pasa por un período de limpieza interior más o menos largo.
   Luego se pasa a un estado nuevo. Curadas todas las heridas del pasado el meditador comienza a encontrarse sereno, tranquilo y apaciguado a todas horas.
   El meditador se da cuenta entonces que apenas acaba de empezar un camino desconocido que lo único que sabe es que lo tiene que llevar a un estado de complacencia permanente.
   En el camino se ha dado cuenta de que hay un yo profundo en cada ser humano que es extraordinariamente poderoso, que lleva a cada ser al destino que ha elegido.
   Pero por meditar no se deja de sufrir. Por meditar se es más comprensivo. Mientras el meditador no deja su pequeño yo como la culebra deja su camisa vieja, sigue sufriendo.
   Mientras el meditador no abandona todos los deseos no está del todo libre del miedo y la ansiedad. Cuando el meditador no desea otra cosa que lo que hace en cada momento ha cubierto otra etapa de su camino.
   La senda se hace cada vez más empinada pero el meditador tiene una inflexible determinación de seguir porque el misterio apenas acaba de despojarse de sus primeros velos.