Han muerto las últimas libélulas del arroyo y un hombre triste pasea junto a su cauce seco.
Cardos de oro y de plata, bellos cadáveres que un día, vivos, florecieron azules y amarillos.
Los rosales silvestres exhiben sus frutos naranjas y los mostajos, los suyos rojos.
Escondidos entre mimbrales, endrinos con endrinas negras, que fueron flores blancas, y un nogal niño.
Los campos de senecio viven su humilde ancianidad junto a las últimas mariposas.
Apenas huele la menta. Los conejos y las aves se esconden. Pero el hombre sabe que lo observan.
La serpiente ya duerme en su agujero. El paseante ya no está tan triste, porque siente la belleza en todo.
miércoles, 27 de septiembre de 2017
martes, 19 de septiembre de 2017
España- Cataluña. Juego de mentiras.
Todos sabemos ya lo que es la post-verdad. La post-verdad es el consenso sobre un hecho. Lo sustantivo es el consenso y lo adjetivo la verdad. Para colmo de cinismo a los hechos se les llama relatos. Las disensiones entre España y Cataluña son post-verdades. Relatos inventados que repetidos hasta la saciedad, acaban pringando las mentes de los que ni conocieron los hechos porque es imposible que los conocieran porque son mentiras, ni se molestaron por averiguar su veracidad.
Cataluña en los años setenta del siglo pasado era la región más próspera de España junto con el País Vasco. Mejores condiciones laborales y mejores sueldos para los trabajadores, y para los empresarios una fuerte capitalización. Cuando a mediados de esa década murió el dictador Franco, estas dos viejas regiones fueron las más levantiscas contra la continuidad de la dictadura. La sociedad catalana era la más politizada de España
El caso es que en un plazo muy breve de tiempo la mayoría de los políticos del Régimen franquista y los de su Oposición se pusieron de acuerdo para elaborar una constitución monárquica y como rey, Juan Carlos Borbón, el elegido de Franco. Con todos los medios de comunicación públicos y privados a favor del sí, los partidarios de la abstención o el no, carecieron de la más mínima posibilidad de hablar en público y si alguno lo intentó, con un megáfono en la calle, fue detenido y encerrado en los calabozos de la Dirección General de Seguridad. La participación rondó el noventa por ciento. En Cataluña se aprobó por una gran mayoría, incluso mayor que en otras regiones.
A la gente, que en aquellos tiempos tenían trabajo, y que le habían subido los sueldos, les pareció la mar de bien una constitución que se contradecía al decir que todos los españoles eran iguales ante la ley, pero que el rey era inviolable e inimputable. Vamos, todos iguales ante la ley.
Los políticos catalanes, gracias a una ley electoral que los beneficiaba extraordinariamente se fueron haciendo con un poder cada vez mayor. Las derechas y las izquierdas, el PP y el PSOE, obtuvieron sus presidencias de gobierno y aprobaron sus presupuestos siempre a cambio de mayores favores y ventajas para los políticos catalanes, que llegaron a tener seis veces más representación parlamentaria que otros partidos con los mismos votos. Vamos, que todos somos iguales ante la ley.
Los cuarenta años de Constitución han sido años muy turbios, de corrupción generalizada, pero especialmente reprobable en el caso de los políticos del más alto nivel, como un vicepresidente del gobierno y varios presidentes autonómicos, entre ellos el de Cataluña durante veinte años.
En el momento en el que el gran partido de Cataluña comienza a perder votos por causa de su corrupción generalizada, con sus dos últimos presidentes incursos en procesos penales, cambia de nombre y se lanza a una campaña independentista radical. En alianza con el segundo partido de obediencia catalana y un partido radical anti-sistema también de obediencia catalana, obtienen la mayoría parlamentaria en su Congreso autonómico y deciden llevar a cabo un referéndum para abandonar España y constituirse como república independiente.
La clase política del Régimen monárquico del 78, podrida hasta la nausea, tanto monta monta tanto, la española como la catalana, responsable de la grave situación de paro, de inseguridad en el empleo, de mengua de derechos laborales de los trabajadores, de caos administrativo y judicial, de sobrecarga de impuestos etc. etc. etc., mientras tanto se ha estado enriqueciendo a costa del sufrimiento de amplias capas de la población que se han visto desamparadas.
Y ahora, como calamares, sueltan tinta para que la gente mire para otro lado. ¿Hasta cuando la gente que se deja guiar por los medios de comunicación de la clase política va a seguir comulgando con ruedas de molino?
Cataluña en los años setenta del siglo pasado era la región más próspera de España junto con el País Vasco. Mejores condiciones laborales y mejores sueldos para los trabajadores, y para los empresarios una fuerte capitalización. Cuando a mediados de esa década murió el dictador Franco, estas dos viejas regiones fueron las más levantiscas contra la continuidad de la dictadura. La sociedad catalana era la más politizada de España
El caso es que en un plazo muy breve de tiempo la mayoría de los políticos del Régimen franquista y los de su Oposición se pusieron de acuerdo para elaborar una constitución monárquica y como rey, Juan Carlos Borbón, el elegido de Franco. Con todos los medios de comunicación públicos y privados a favor del sí, los partidarios de la abstención o el no, carecieron de la más mínima posibilidad de hablar en público y si alguno lo intentó, con un megáfono en la calle, fue detenido y encerrado en los calabozos de la Dirección General de Seguridad. La participación rondó el noventa por ciento. En Cataluña se aprobó por una gran mayoría, incluso mayor que en otras regiones.
A la gente, que en aquellos tiempos tenían trabajo, y que le habían subido los sueldos, les pareció la mar de bien una constitución que se contradecía al decir que todos los españoles eran iguales ante la ley, pero que el rey era inviolable e inimputable. Vamos, todos iguales ante la ley.
Los políticos catalanes, gracias a una ley electoral que los beneficiaba extraordinariamente se fueron haciendo con un poder cada vez mayor. Las derechas y las izquierdas, el PP y el PSOE, obtuvieron sus presidencias de gobierno y aprobaron sus presupuestos siempre a cambio de mayores favores y ventajas para los políticos catalanes, que llegaron a tener seis veces más representación parlamentaria que otros partidos con los mismos votos. Vamos, que todos somos iguales ante la ley.
Los cuarenta años de Constitución han sido años muy turbios, de corrupción generalizada, pero especialmente reprobable en el caso de los políticos del más alto nivel, como un vicepresidente del gobierno y varios presidentes autonómicos, entre ellos el de Cataluña durante veinte años.
En el momento en el que el gran partido de Cataluña comienza a perder votos por causa de su corrupción generalizada, con sus dos últimos presidentes incursos en procesos penales, cambia de nombre y se lanza a una campaña independentista radical. En alianza con el segundo partido de obediencia catalana y un partido radical anti-sistema también de obediencia catalana, obtienen la mayoría parlamentaria en su Congreso autonómico y deciden llevar a cabo un referéndum para abandonar España y constituirse como república independiente.
La clase política del Régimen monárquico del 78, podrida hasta la nausea, tanto monta monta tanto, la española como la catalana, responsable de la grave situación de paro, de inseguridad en el empleo, de mengua de derechos laborales de los trabajadores, de caos administrativo y judicial, de sobrecarga de impuestos etc. etc. etc., mientras tanto se ha estado enriqueciendo a costa del sufrimiento de amplias capas de la población que se han visto desamparadas.
Y ahora, como calamares, sueltan tinta para que la gente mire para otro lado. ¿Hasta cuando la gente que se deja guiar por los medios de comunicación de la clase política va a seguir comulgando con ruedas de molino?
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