miércoles, 27 de septiembre de 2017

Bella triste

Han muerto las últimas libélulas del arroyo y un hombre triste pasea junto a su cauce seco.
Cardos de oro y de plata, bellos cadáveres que un día, vivos, florecieron azules y amarillos.
Los rosales silvestres exhiben sus frutos naranjas y los mostajos, los suyos rojos.
Escondidos entre mimbrales, endrinos con endrinas negras, que fueron flores blancas, y un nogal niño.
Los campos de senecio viven su humilde ancianidad junto a las últimas mariposas.
Apenas huele la menta. Los conejos y las aves se esconden. Pero el hombre sabe que lo observan.
La serpiente ya duerme en su agujero. El paseante ya no está tan triste, porque siente la belleza en todo.


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