España es un estado "soberano" situado en el sudoeste de Europa, miembro de la CEE y de la OTAN, habitado por cerca de cincuenta millones de personas. Su forma de gobierno es una monarquía parlamentaria desde hace cuarenta años.
Dos partidos se han turnado en el poder, luego de la transición de la dictadura de Franco al sistema actual, y el sistema político y económico ha cambiado radicalmente. De un régimen con una gran parte de la economía estatalizada y con un poder político fuertemente centralizado se ha ido pasando en estos cuarenta años a un régimen de economía liberal, en el que las grandes empresas básicas han sido privatizadas y el poder político se ha fragmentado.
Este proceso ha tenido como consecuencia que el paro haya alcanzado a la cuarta parte de la población, mientras los salarios y las condiciones de trabajo de otra cuarta parte hayan sufrido rebajas. Al mismo tiempo, la clase política y los grandes empresarios, en estrecha alianza, han aumentado sus beneficios recurriendo a la corrupción de una manera generalizada. Se habla de tres mil causas por corrupción en los tribunales. Las sentencias condenatorias son mínimas y se ha dado el caso de elegir como diputado a un declarado comisionista ilegal pillado in fraganti.
Décadas de latrocinios sin cuento, en los que España se convirtió en un inmenso patio de Monipodio en el que la información privilegiada de los gobiernos y gobiernitos de las regiones autónomas se usó para multiplicar fortunas privadas de políticos y empresarios, unidos por el único interés de multiplicar sus ganancias sin importarles endeudar al Estado.
Mientras hubo un nivel de paro por debajo del diez por ciento, la gente callaba e incluso se identificaba con los mangantes, pero cuando las autoridades de la CEE ordenaron pagar la deuda pública como fuera, los gobiernos no encontraron mejor solución que hacerla pagar a los funcionarios públicos, a los ancianos y dependientes y a los trabajadores.
Pero si grave es la situación económica, peor es la situación política. Sin división de poderes, con la Justicia dependiente de los partidos políticos, con unos gobiernos regionales con poder sobre sectores clave de la administración, el poder del gobierno central es cada vez más limitado. Impregnados del mismo hedor a monedas robadas, los mandarines traman alianzas para un borrón y cuenta nueva.
Todo es muy confuso, las elecciones recién celebradas han dado como resultado el fin del bipartidismo con la irrupción de dos nuevas fuerzas que se dicen regeneracionistas. Lejos de aclararse, la situación política se ha enturbiado dando lugar a opiniones de todo tipo sobre si toca intentar un gobierno de transición o convocar nuevas elecciones.
Los poderes de la autonomía de Cataluña han declarado su voluntad de independencia ya, y los partidos que se han turnado en el poder central han dicho que de ninguna manera se puede consentir en una declaración de esa naturaleza. De los dos nuevos partidos, "Ciudadanos", que apenas ha obtenido un catorce por ciento de los votos, es un partido que se ha distinguido en su corto pasado por haber defendido en Cataluña los derechos de los hablantes del idioma español o castellano contra la obligatoriedad de estudiar en idioma catalán. El gobierno de Cataluña ha incumplido las sentencias de los tribunales españoles tutelando el derecho a recibir educación en su lengua. Si se tiene en cuenta que la mitad de los habitantes de Cataluña tienen el español como lengua madre, se comprenderá hasta qué punto los gobiernos regionales han tenido poder. Un ex-presidente de Cataluña, Pujol, está siendo investigado por el origen de un patrimonio multimillonario.
"Podemos" es la última de las nuevas opciones políticas. Ha obtenido como un veinte por ciento de los votos, bien en solitario o en coalición con otras fuerzas de programa político similar. Estos de "Podemos" han salido prácticamente de la nada, de erigirse en representantes de los movimientos de protesta que se han generado en los últimos tiempos contra las políticas del Régimen. Profesores universitarios de bajo rango, jóvenes licenciados en paro y políticos de otros partidos sin expectativas de futuro componen el esqueleto básico de un partido muy débilmente estructurado, cohesionado en torno a un líder de opinión llamado Pablo Iglesias, dado a conocer por las televisiones. "Podemos" ha pasado de defender posturas radicales de ruptura política a plantear soluciones para la supervivencia del país. Por lo que están demostrando les viene muy grande la empresa de cambiar de Régimen en España, primero por su volubilidad táctica y segundo por su política de alianzas con los partidarios de convertir España en un montón de añicos.
Para acabar de complicar aún más el panorama, la monarquía ya no es lo que fue, con un rey emérito, obligado a abdicar por sus malas conductas, y un rey reinante obligado a aparecer como representante de una institución indestructible. Su último discurso con motivo de la Navidad desde un espléndido salón del Palacio de Oriente, del siglo XVIII, ha dado más que hablar por la exhibición del lujo de los reyes que por sus prédicas sobre la unidad de España.
Mientras políticos y periodistas de cortos alcances discuten sobre la situación política, la gente hace largas colas en la Plaza de Colón de Madrid, para ver los árboles de Navidad que se erigen en toda la ciudad. Miles y miles de personas se aglomeran en el centro. Unos policías municipales persiguen a unos vendedores de globos. Tres o cuatro mendigos piden en unos carteles sucios dinero para whisky y porros. En la iglesia de san Antón, un cura tiene recogidos a dos docenas de los que si no es por esta caridad tendrían que dormir al raso sobre cartones. Nada que no se vea en San Francisco, en Lima o en Calcuta.
Lo más desesperante de los políticos españoles de hoy es su poquísima capacidad de pensar en términos universales, integrales y globales; todo se queda en política de cortos vuelos. A falta de una visión del mundo mínimamente trascendente, todo se va en eslóganes. Nadie sabe lo que se puede esperar del futuro, pero el presente, de momento, no invita al optimismo.
sábado, 26 de diciembre de 2015
sábado, 5 de diciembre de 2015
Los hermanos Karamázov
Dostoyeski puede que sea el novelista más leído de la Historia. Tenía 16 años cuando leí "el Jugador" "Stepanchikovo" y "Crimen y Castigo". Todo lo que antes me interesaba, el amado latín y los demás estudios, pasaron al olvido. Yo ya no vivía donde vivía, ni tenía la edad que tenía. Yo era un personaje de Dosto, como le llamaba el compañero que me lo descubrió.
Pero las vueltas de la vida no me dieron ocasión de volver a leer nada del gran ruso hasta los veinte. "Los hermanos Karamázov". Lo leí por primera vez subido en un tejado contemplando el horizonte de una ancha campiña. Y al poco tiempo lo releí, sentado en un banco de un jardín. A ratos me sentía Aliosha, el hermano pequeño, a ratos Iván, el nihilista, pero con el que más sufría era con Dimitri.
Millones de lectores de esta novela universal no han olvidado ni olvidarán nunca los sentimientos y pensamientos que se originaron en ellos con su lectura. No ha habido escritor más venerado, más admirado y más amado. ¿Cómo olvidar la recreación cinematográfica de Kurosawa de "El Idiota", otra de la media docena de obras cumbre de Dostoyeski?
Adaptar para el teatro "Los hermanos Karamázov" es un gran reto, que el viejo y experto teatrero Gerardo Vera ha asumido con la pasión de un novel. Las entradas están prácticamente agotadas para todas las representaciones previstas hasta el 10 de enero. La sala está rebosante de personas mayores de cincuenta años, pero también se ven algunos más jóvenes para certificar que los dostoyeskianos no van a desaparecer.
Vera prescinde de todo lo superfluo, de escenarios y luces llamativos, porque sabe de sobra que lo que interesa de Dostoyeski son sus ideas y sus sentimientos. Las cerca de dos horas que dura la primera parte se pasan en un estado de concentración máximo. Fiodor Karamázov, el padre, interpretado por Juan Echanove, es el personaje central. Echanove, por fortuna, no es Echanove ni un segundo, es un Fiodor Karamázov en estado puro. Los hijos son actores muy poco conocidos, pero su actuación es más que notable. Tal vez la interpretación del hijo pequeño, Aliosha queda un poco por debajo. El resto de los actores no desmerecen. Las dos mujeres no sobresalen especialmente, pero no rebajan un ápice la muy buena interpretación coral.
Al cabo de las tres horas y veinte minutos, el telón se cierra y comienzan los aplausos. Cinco veces sale el elenco a saludar conducido por Echanove. Se le nota a la legua que quiere que la larga ovación se cierre con los gritos de bravo, pero por más que lo intenta no lo consigue. Hay algo en la representación que falta, ese algo que hace de Dostoyeski el más grande.
Pero las vueltas de la vida no me dieron ocasión de volver a leer nada del gran ruso hasta los veinte. "Los hermanos Karamázov". Lo leí por primera vez subido en un tejado contemplando el horizonte de una ancha campiña. Y al poco tiempo lo releí, sentado en un banco de un jardín. A ratos me sentía Aliosha, el hermano pequeño, a ratos Iván, el nihilista, pero con el que más sufría era con Dimitri.
Millones de lectores de esta novela universal no han olvidado ni olvidarán nunca los sentimientos y pensamientos que se originaron en ellos con su lectura. No ha habido escritor más venerado, más admirado y más amado. ¿Cómo olvidar la recreación cinematográfica de Kurosawa de "El Idiota", otra de la media docena de obras cumbre de Dostoyeski?
Adaptar para el teatro "Los hermanos Karamázov" es un gran reto, que el viejo y experto teatrero Gerardo Vera ha asumido con la pasión de un novel. Las entradas están prácticamente agotadas para todas las representaciones previstas hasta el 10 de enero. La sala está rebosante de personas mayores de cincuenta años, pero también se ven algunos más jóvenes para certificar que los dostoyeskianos no van a desaparecer.
Vera prescinde de todo lo superfluo, de escenarios y luces llamativos, porque sabe de sobra que lo que interesa de Dostoyeski son sus ideas y sus sentimientos. Las cerca de dos horas que dura la primera parte se pasan en un estado de concentración máximo. Fiodor Karamázov, el padre, interpretado por Juan Echanove, es el personaje central. Echanove, por fortuna, no es Echanove ni un segundo, es un Fiodor Karamázov en estado puro. Los hijos son actores muy poco conocidos, pero su actuación es más que notable. Tal vez la interpretación del hijo pequeño, Aliosha queda un poco por debajo. El resto de los actores no desmerecen. Las dos mujeres no sobresalen especialmente, pero no rebajan un ápice la muy buena interpretación coral.
Al cabo de las tres horas y veinte minutos, el telón se cierra y comienzan los aplausos. Cinco veces sale el elenco a saludar conducido por Echanove. Se le nota a la legua que quiere que la larga ovación se cierre con los gritos de bravo, pero por más que lo intenta no lo consigue. Hay algo en la representación que falta, ese algo que hace de Dostoyeski el más grande.
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