Todas las palabras que al amor refieren
son humos que velan la visión certera.
Niebla que oculta la imago que lo encierra.
Aquello que solo el amado conoce.
Intenta leer los espacios vacíos.
Entra al jardín secreto donde él habita.
A través de la selva de las palabras.
A través del desierto de los silencios.
Y espera que despierte la mariposa.
El dibujo y los colores de sus alas
te hablarán de la belleza del amor.
Todo alrededor se ha transfigurado.
Escucha el hondo latido de la tierra.
Diluye tus pensamientos en el cielo.
En cuarto creciente la luna dorada.
Y venus la mira de amor inflamada.
Armonía de átomos y de estrellas.
Paz de sueño profundo, de muerte viva.
Cuando sepas que eres tú la mariposa
volarás por el jardín en primavera.
Te perfumarás con todas sus fragancias
y te pintarás con todos sus colores.
Todas sus formas darán forma a tu cuerpo.
Y entonces sentirás que no hay tú ni yo.
Que el amor no es más que pura desnudez.
Claro, sencillo, auténtico, feliz.
Amor agua, amor fuego, amor luz.
lunes, 16 de julio de 2018
lunes, 9 de julio de 2018
Fantasmagorías
Querido humano: Soy el genio de la gatita rescatada del hambre por el joven compasivo. Sé que te va a costar comprenderme porque tu comprensión de la realidad del Universo es muy limitada. No diría que eres estúpido en tu totalidad, pero tu cuerpo, tu corazón, tu mente y tu alma están contaminados por el peor de los errores: el egoísmo.
El egoismo es como una cárcel cerrada a cal y canto que te impide ver más allá de las paredes entre las que vives preso junto a otros semejantes.
El egoismo es la base de todas las catástrofes de la Historia. Yo, el faraón, yo, el dios, yo, el emperador, yo, el zar, yo, el califa, yo, el rey de reyes, yo, el caudillo, yo, el guía supremo, yo, el fuhrer, yo, el líder.
El ego tiene un armario fantástico donde guarda caretas y disfraces muy variados. Yo y mi familia, yo y mi clan, yo y mi tribu, yo y mi nación, yo y mi religión, yo y mi cultura, yo y mi raza, yo y mi tierra, yo y mi patria, yo y mi dinero, yo y mi trabajo, yo y mi posición, yo y los humanos, yo y el universo que ven mis ojos y mis máquinas.
Yo, yo, yo… Mis ideas, mis sentimientos, mis sueños, mis aspiraciones… Míos, mías.
En realidad, no hay yo sin otros "yos". No hay yo sin otro yo a quien amar, a quien odiar, a quien hablar, con quien compararse. En realidad el yo aún depende más de la naturaleza en la que se desenvuelve. No hay yo sin sol, sin noche, sin agua, sin estrellas, sin aire, sin vidas verdes.
La verdad se esconde bajo los disfraces y las caretas del yo, la verdad de la unidad de todos los mundos, de la dependencia mutua de todos los entes y todos los seres.
¿Qué es eso que llamas yo? Algo que te hace consciente de lo que haces y de lo que te pasa y que se pregunta, cuando llega a su madurez, por las causas y las consecuencias de tus actos y por las causas y las consecuencias de tus emociones y sentimientos.
Pero no es el yo consciente del movimiento, del sentimiento, del pensamiento, del sueño y de la meditación el responsable de los males del hombre, es el yo que se reduce a los movimientos, sentimientos, pensamientos, sueños y meditaciones propios, sin entender que esa propiedad, ese ego, es común a toda la especie humana.
Es el ego que es inconsciente de su dependencia de otros egos, el que acaba sintiendo mal, pensando mal, soñando mal y meditando mal. Hay que seguir repitiendo que cuando una parte de un cuerpo está enferma todo el cuerpo está enfermo.
Hace más o menos una decena de años, me preguntaba ansiosamente cómo habría de hacer para librarme del dolor y el sufrimiento de la Tierra y sus habitantes y entonces encontré por internet el discurso de un joven progeria que me dio la solución. La única forma de que el sufrimiento y el dolor no te afecten es hacer todo lo posible por evitar las causas del dolor y el sufrimiento.
El egoismo es como una cárcel cerrada a cal y canto que te impide ver más allá de las paredes entre las que vives preso junto a otros semejantes.
El egoismo es la base de todas las catástrofes de la Historia. Yo, el faraón, yo, el dios, yo, el emperador, yo, el zar, yo, el califa, yo, el rey de reyes, yo, el caudillo, yo, el guía supremo, yo, el fuhrer, yo, el líder.
El ego tiene un armario fantástico donde guarda caretas y disfraces muy variados. Yo y mi familia, yo y mi clan, yo y mi tribu, yo y mi nación, yo y mi religión, yo y mi cultura, yo y mi raza, yo y mi tierra, yo y mi patria, yo y mi dinero, yo y mi trabajo, yo y mi posición, yo y los humanos, yo y el universo que ven mis ojos y mis máquinas.
Yo, yo, yo… Mis ideas, mis sentimientos, mis sueños, mis aspiraciones… Míos, mías.
En realidad, no hay yo sin otros "yos". No hay yo sin otro yo a quien amar, a quien odiar, a quien hablar, con quien compararse. En realidad el yo aún depende más de la naturaleza en la que se desenvuelve. No hay yo sin sol, sin noche, sin agua, sin estrellas, sin aire, sin vidas verdes.
La verdad se esconde bajo los disfraces y las caretas del yo, la verdad de la unidad de todos los mundos, de la dependencia mutua de todos los entes y todos los seres.
¿Qué es eso que llamas yo? Algo que te hace consciente de lo que haces y de lo que te pasa y que se pregunta, cuando llega a su madurez, por las causas y las consecuencias de tus actos y por las causas y las consecuencias de tus emociones y sentimientos.
Pero no es el yo consciente del movimiento, del sentimiento, del pensamiento, del sueño y de la meditación el responsable de los males del hombre, es el yo que se reduce a los movimientos, sentimientos, pensamientos, sueños y meditaciones propios, sin entender que esa propiedad, ese ego, es común a toda la especie humana.
Es el ego que es inconsciente de su dependencia de otros egos, el que acaba sintiendo mal, pensando mal, soñando mal y meditando mal. Hay que seguir repitiendo que cuando una parte de un cuerpo está enferma todo el cuerpo está enfermo.
Hace más o menos una decena de años, me preguntaba ansiosamente cómo habría de hacer para librarme del dolor y el sufrimiento de la Tierra y sus habitantes y entonces encontré por internet el discurso de un joven progeria que me dio la solución. La única forma de que el sufrimiento y el dolor no te afecten es hacer todo lo posible por evitar las causas del dolor y el sufrimiento.
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