"Favor y desgracia sorprenden por igual". Es un dicho del Tao. Y es una gran verdad. Nadie busca el fracaso y éste llega sin avisar. Todos buscan el éxito, pero el éxito llega cuando menos se le espera.
No hay ser humano, por afortunado que sea que no experimente alguna vez el fracaso, ni ser humano por malestrellado que haya nacido que no beba alguna vez de la copa del éxito. No importa el carácter del éxito o del fracaso, ni tan siquiera que el éxito para unos pueda ser el fracaso para otros y viceversa.
Para el Buda Shidartta cualquier deseo de éxito o de fracaso es un error que nos mantiene en el samsara.
En términos taoistas el éxito es la incipiente luz que anida en la oscuridad, y el fracaso la incipiente sombra que anida en la luz. Es la naturaleza de la realidad, del Tao. El sabio, el ser humano consciente de la verdadera naturaleza de la realidad, según el taoísmo, encuentra en la ecuanimidad la virtud.
El budismo encuentra que el sufrimiento es un derivado de ese permanente cambio. Los seres humanos se aferran a sus éxitos y huyen de sus fracasos, sin darse cuenta de que resistirse al proceso natural de la vida física o psíquica, con sus luces y sus sombras, es además de inútil, contraproducente. Cuanto más aferramiento al placer y más resistencia al dolor, menos placer y más dolor. Los budistas hallan en el desasimiento del éxito y del fracaso la virtud.
lunes, 23 de junio de 2014
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