Cada noche es una nueva noche,
y cada día es un nuevo día.
No hay presente, ni hay pasado, ni hay futuro.
Sólo hay lo que pasa cada noche y cada día.
Nada es igual ni un momento tan solo.
Lo que ayer fue enhiesta flor morada,
hoy es rastrera paja amarilla,
y mañana verde caña.
Año tras año, sí,
pero nunca las mismas flores,
ni las mismas pajas, ni las mismas cañas.
sábado, 29 de septiembre de 2018
lunes, 24 de septiembre de 2018
Palabras sobre el ego
Cuando alguien te lastima, te hiere, te insulta, te menosprecia, te paga bien con mal, ¿qué lastima, qué hiere, qué insulta, qué menosprecia, qué mal? El ego, el que toma consciencia de la realidad, de los hechos. El ego es el que se lastima, se hiere, se siente insultado y menospreciado y se piensa que le han pagado bien con mal.
El ego es un constructo humano que hace diferentes a unos humanos de otros. El bebé no tiene ego, el niño muy poco, el adolescente quiere demostrar que lo tiene y así cada cual va haciendo su ego más sólido y más compacto, más lleno de movidas, pensamientos, sentimientos, sueños y meditaciones.
El ego es el que sufre y el que goza, el que cree que triunfa o cree que fracasa, el que tiene miedo y el que se siente seguro, el que se siente feliz y el que se siente desgraciado, el que agradece y el que olvida, el que se enferma y el que se cura.
Las corrientes místicas de todas las religiones, hasta las de las más primitivas, han intentado recorrer el camino que conduce a la extinción del ego. Sin ego, ni bienes ni males, ni éxitos ni fracasos, ni tan siquiera vida o muerte. La extinción del ego lleva la consciencia a otro nivel.
La mayoría de la gente cuida su ego como si no hubiera en el mundo más preciado tesoro. Y cuanto más lo cuidan más esquizofrénicos se vuelven, más pelillosos, más ruines, más desconfiados, más desagradecidos, más orgullosos, más de todo lo que hace la vida un martirio.
Se tiene el mayor de los miedos a perder el yo como si perdiendo el yo se perdiera la capacidad de pensar, sentir, soñar y meditar. Pero eso no es cierto, porque la capacidad de pensar, sentir, soñar y meditar no es una capacidad del ego, sino una capacidad del ser humano. El misterio está en vivir con todas las capacidades humanas con un ego vacío.
El ego es un constructo humano que hace diferentes a unos humanos de otros. El bebé no tiene ego, el niño muy poco, el adolescente quiere demostrar que lo tiene y así cada cual va haciendo su ego más sólido y más compacto, más lleno de movidas, pensamientos, sentimientos, sueños y meditaciones.
El ego es el que sufre y el que goza, el que cree que triunfa o cree que fracasa, el que tiene miedo y el que se siente seguro, el que se siente feliz y el que se siente desgraciado, el que agradece y el que olvida, el que se enferma y el que se cura.
Las corrientes místicas de todas las religiones, hasta las de las más primitivas, han intentado recorrer el camino que conduce a la extinción del ego. Sin ego, ni bienes ni males, ni éxitos ni fracasos, ni tan siquiera vida o muerte. La extinción del ego lleva la consciencia a otro nivel.
La mayoría de la gente cuida su ego como si no hubiera en el mundo más preciado tesoro. Y cuanto más lo cuidan más esquizofrénicos se vuelven, más pelillosos, más ruines, más desconfiados, más desagradecidos, más orgullosos, más de todo lo que hace la vida un martirio.
Se tiene el mayor de los miedos a perder el yo como si perdiendo el yo se perdiera la capacidad de pensar, sentir, soñar y meditar. Pero eso no es cierto, porque la capacidad de pensar, sentir, soñar y meditar no es una capacidad del ego, sino una capacidad del ser humano. El misterio está en vivir con todas las capacidades humanas con un ego vacío.
martes, 18 de septiembre de 2018
Una reflexión conveniente
Lo que vives ahora no lo volverás a vivir. Pases por el peor de los trances, pases por el mejor, tal vez tengas trances parecidos, pero la intensidad no será la misma y tú no serás el mismo o la misma.
Pasa una bandada de gaviotas haciendo una uve, pasarán más bandadas haciendo la uve, pero serán otras uves y otras gaviotas.
Ese cielo que acabas de mirar ya no existe. La emoción que acabas de sentir ya ha pasado.
¿De qué sirve ser misericordioso? ¿De qué sirve ser sincero? ¿De que sirve desear lo mejor a todo el mundo? ¿De qué sirve amar, esperar, creer?
Una gaviota solitaria atraviesa el cielo.
Hay tiempos en los que te hacen putadas por todos lados, te menosprecian, engañan, insultan y calumnian, y hay tiempos que te sobrevaloran, son sinceros contigo, te ensalzan y pregonan tus virtudes. Tiempos de éxitos y de fracasos, de alegrías y de penas, de dolores y placeres, de ocupaciones y de vaguedades. Los budistas dicen que todo es producto de nuestra mente, pero la mente, como decía Teresa de Ávila es la loca de la casa.
Hay tiempos en los que todo te parece monstruoso, aberrante, obsceno, deplorable, falso, macabro, grotesco, estúpido, falso, perverso… Todo te parece una auténtica locura donde mentes estultas, agresivas y rapaces conducen al rebaño humano a ya no sabemos donde. Guerras, hambrunas, catástrofes, malvivir generalizado.
Los bandos de los zorzales vuelan en dirección contraria a los bandos de las gaviotas. La bella libélula que esta mañana te salió al camino puede que aún viva, pero la vieja mariposa que se posó a tu lado un poco más adelante puede que ya haya muerto.
Sales a meditar por el campo y miras la variedad de plantas con la variedad de flores, con la variedad de árboles, de moscas, de mosquitos, de libélulas, de mariposas, de aves, de animalitos de una belleza y una perfección imposibles. El agua que corre, el agua que se estanca, los prados, las vacas, los conejos, los caballos. Las altas cimas de las montañas rezumando nieve. Las rocas ciclópeas, las umbrías gargantas, los paradisíacos pinares donde viven las más hermosas y raras mariposas. Plantas que crecen juntas en su propio orden, que se convienen mutuamente. Armonía.
No sabemos el por qué de los tiempos buenos ni el por qué de los tiempos malos, sólo sabemos que esa es nuestra vida.
Hay momentos en los que piensas que todo es fruto de casualidades infinitas, otros que todo es fruto de causas desconocidas, pero al final acabas vencido por la misteriosa armonía del mundo y por el confuso caos de los seres humanos.
Hay una coherencia de todo, una sintonía, una sincronía, unas condiciones que permiten la vida humana y otras vidas en un planeta diminuto de un sistema solar perdido en una nebulosa que flota en un universo del que apenas se conoce un infinitésimo.
Los seres humanos son unas criaturas tan capaces de crear como de destruir, demasiado egoístas para darse cuenta de que así como tratemos al planeta, así responderá el planeta. Indefectiblemente, como destino inexorable, sin posibilidad de salvación. O la humanidad mejora el orden político y económico actual o el orden político y económico actual seguirá empeorando a la humanidad.
No se sabe el tiempo que puede tardar en producirse el colapso, pero lo cierto es que el clima está empezando a experimentar un evidente cambio de ciclo. Los gobernantes están ciegos y los gobernados están abducidos. Poder militar y poder financiero en manos de unos pocos que temen al cambio, cuando solo el cambio puede salvarlos de su inútil presente.
Mientras haya humanos habrá poetas y habrá santos, siempre habrá soñadores en una Tierra en armonía donde vivan seres humanos con mucha salud y con mucha paz, disfrutando de las maravillas de una creación que se renueva cada momento.
Hay motivos para ser muy optimistas y motivos para ser muy pesimistas. Para ser muy optimista, que la inventiva humana permita una supervivencia cada vez más larga y más cómoda y para ser muy pesimista que esa vida más larga y más cómoda acabe afectando gravemente al planeta.
La humanidad puede comer muchísimo más que hace cien años, pero ¿hablamos de la calidad? Las gallinas, los cerdos y las vacas viven una vida triste y aburrida atiborrados de medicamentos. Comemos la carne de animales criados en las peores condiciones de toda la historia.
Se invierten millones y millones en herbicidas, insecticidas y abonos para producir mucho más de lo que se consume. La producción de alimentos en los países del primer mundo es claramente excedentaria. En el resto del mundo sigue habiendo zonas en las que no menos de mil millones de personas viven con una alimentación deficiente con unas condiciones de vida miserables.
Ni somos los primeros ni seremos los últimos que sepamos que todo lo que ocurre al hombre depende del hombre. El hombre necesita una jerarquía de valores que tengan en su cúspide la salud física y mental de los seres humanos, la convivencia en paz entre ellos y la armonía de su culturas con la naturaleza.
Pasa una bandada de gaviotas haciendo una uve, pasarán más bandadas haciendo la uve, pero serán otras uves y otras gaviotas.
Ese cielo que acabas de mirar ya no existe. La emoción que acabas de sentir ya ha pasado.
¿De qué sirve ser misericordioso? ¿De qué sirve ser sincero? ¿De que sirve desear lo mejor a todo el mundo? ¿De qué sirve amar, esperar, creer?
Una gaviota solitaria atraviesa el cielo.
Hay tiempos en los que te hacen putadas por todos lados, te menosprecian, engañan, insultan y calumnian, y hay tiempos que te sobrevaloran, son sinceros contigo, te ensalzan y pregonan tus virtudes. Tiempos de éxitos y de fracasos, de alegrías y de penas, de dolores y placeres, de ocupaciones y de vaguedades. Los budistas dicen que todo es producto de nuestra mente, pero la mente, como decía Teresa de Ávila es la loca de la casa.
Hay tiempos en los que todo te parece monstruoso, aberrante, obsceno, deplorable, falso, macabro, grotesco, estúpido, falso, perverso… Todo te parece una auténtica locura donde mentes estultas, agresivas y rapaces conducen al rebaño humano a ya no sabemos donde. Guerras, hambrunas, catástrofes, malvivir generalizado.
Los bandos de los zorzales vuelan en dirección contraria a los bandos de las gaviotas. La bella libélula que esta mañana te salió al camino puede que aún viva, pero la vieja mariposa que se posó a tu lado un poco más adelante puede que ya haya muerto.
Sales a meditar por el campo y miras la variedad de plantas con la variedad de flores, con la variedad de árboles, de moscas, de mosquitos, de libélulas, de mariposas, de aves, de animalitos de una belleza y una perfección imposibles. El agua que corre, el agua que se estanca, los prados, las vacas, los conejos, los caballos. Las altas cimas de las montañas rezumando nieve. Las rocas ciclópeas, las umbrías gargantas, los paradisíacos pinares donde viven las más hermosas y raras mariposas. Plantas que crecen juntas en su propio orden, que se convienen mutuamente. Armonía.
No sabemos el por qué de los tiempos buenos ni el por qué de los tiempos malos, sólo sabemos que esa es nuestra vida.
Hay momentos en los que piensas que todo es fruto de casualidades infinitas, otros que todo es fruto de causas desconocidas, pero al final acabas vencido por la misteriosa armonía del mundo y por el confuso caos de los seres humanos.
Hay una coherencia de todo, una sintonía, una sincronía, unas condiciones que permiten la vida humana y otras vidas en un planeta diminuto de un sistema solar perdido en una nebulosa que flota en un universo del que apenas se conoce un infinitésimo.
Los seres humanos son unas criaturas tan capaces de crear como de destruir, demasiado egoístas para darse cuenta de que así como tratemos al planeta, así responderá el planeta. Indefectiblemente, como destino inexorable, sin posibilidad de salvación. O la humanidad mejora el orden político y económico actual o el orden político y económico actual seguirá empeorando a la humanidad.
No se sabe el tiempo que puede tardar en producirse el colapso, pero lo cierto es que el clima está empezando a experimentar un evidente cambio de ciclo. Los gobernantes están ciegos y los gobernados están abducidos. Poder militar y poder financiero en manos de unos pocos que temen al cambio, cuando solo el cambio puede salvarlos de su inútil presente.
Mientras haya humanos habrá poetas y habrá santos, siempre habrá soñadores en una Tierra en armonía donde vivan seres humanos con mucha salud y con mucha paz, disfrutando de las maravillas de una creación que se renueva cada momento.
Hay motivos para ser muy optimistas y motivos para ser muy pesimistas. Para ser muy optimista, que la inventiva humana permita una supervivencia cada vez más larga y más cómoda y para ser muy pesimista que esa vida más larga y más cómoda acabe afectando gravemente al planeta.
La humanidad puede comer muchísimo más que hace cien años, pero ¿hablamos de la calidad? Las gallinas, los cerdos y las vacas viven una vida triste y aburrida atiborrados de medicamentos. Comemos la carne de animales criados en las peores condiciones de toda la historia.
Se invierten millones y millones en herbicidas, insecticidas y abonos para producir mucho más de lo que se consume. La producción de alimentos en los países del primer mundo es claramente excedentaria. En el resto del mundo sigue habiendo zonas en las que no menos de mil millones de personas viven con una alimentación deficiente con unas condiciones de vida miserables.
Ni somos los primeros ni seremos los últimos que sepamos que todo lo que ocurre al hombre depende del hombre. El hombre necesita una jerarquía de valores que tengan en su cúspide la salud física y mental de los seres humanos, la convivencia en paz entre ellos y la armonía de su culturas con la naturaleza.
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