La iglesia católica define a Jesús de Galilea como el Dios encarnado, pero Jesús, según está escrito en el capítulo diez del evangelio de san Juan responde a los que le acusan de haberse declarado Dios con unas palabras recogidas como palabras de Dios: "Dioses sois".
Los Evangelios son cuatro libros tan cortos que es muy fácil leerlos muchas veces. Cualquiera que los lea siquiera tres o cuatro se dará cuenta de que el Nazareno fue un hombre que quiso haber encontrado un reino de Dios que se alcanzaría con la violencia y el enfrentamiento en la primera época de su predicación: "No he venido a traer paz sino espada", y con amor en la última parte de su vida. "Guarda, Pedro, tu espada, que el que a hierro mata a hierro muere". De azotar a los cambistas y mercaderes del templo a perdonar a sus enemigos clavado en una cruz. De confiar en la pura Providencia de Dios cuando habla de las flores que no hilan y son vestidas mejor que Salomón a dudar de ella, cuando a punto de morir exclama: ¿Por qué me has abandonado?
Se tenga una idea de Dios o no se tenga ninguna, se crea o no se crea en su existencia o se crea en las dos cosas o en ninguna, el hombre Jesús de Galilea, en su vida y sus palabras, sigue siendo un ejemplo de los más sublimes valores humanos, de aquellos que nos hacen como dioses.
"Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has abandonado?" Jesús comienza a recitar el salmo veinte del rey David. Si algún lector se queda en este único verso puede pensar que Jesús muere desesperado, pero si conoce el salmo entero puede entender que es lleno de esperanza que muere.
viernes, 23 de mayo de 2014
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