El aprendiz, que puede ser cualquiera, a pesar de sus lecturas sobre ciencias y religiones, sigue metido en su capullo de seda.
El miedo a la muerte, a la decadencia física y mental, al desamparo, a la infamia, al dolor del cuerpo y a la tristeza del alma, a desaparecer en la nada, a no dar buenos frutos...
No puede evitar temer, dudar, sufrir...
Lee un libro sobre el budismo y se da cuenta de que la "Historia del Tiempo" y el "Sutra del Loto", con distintas metáforas e imágenes dicen lo mismo. ¿Qué diferencia hay entre eones y años luz? ¿No son acaso la Física y la Poesía sendas hacía el Conocimiento?
El budismo es una religión que ha devenido muy compleja, pero su concepción del mundo y del hombre es muy simple. Para el budismo nada tiene una existencia, vivencia o esencia separada del Todo.
La enfermedad, la vejez y la muerte, sufrimiento continuo; entropía, desorganización, desorden, caos.
Pero no es esa la única ley. Como dice Chopra hay cuerpos sin edad y mentes sin tiempo.
Se puede pensar que no somos más que fatales efectos genéticos y se puede pensar que la voluntad del hombre hace con la genética lo mismo que el alfarero con el barro o el escultor con el mármol.
¿No es mejor acaso, con los budistas, creer que hay un camino para el amejoramiento, que se basa en la ética, la meditación y la sabiduría, que creer con los genetistas, que el hombre el bueno o malo de nacimiento y no se puede cambiar nada?
¿Esclavo de su pasado o Señor de su futuro?
lunes, 27 de agosto de 2012
jueves, 16 de agosto de 2012
Revuelto de Ciencia y Religión (2)
El hombre se pregunta si hubo un quién, un cómo, un cuándo, un dónde, un por qué y un para qué, pero no encuentra respuestas, ni en las religiones ni en las ciencias ni en las filosofías, que le den una certeza Absoluta de Todo.
El tiempo, el espacio, la energía, la fuerza, loa masa...Brahma, Khrisna, Buda, Lao, Jesús, Mahoma, Mahavira, Manitú..., con todas sus fórmulas y sus leyes no son más que ecos y sombras de una realidad que el hombre se esfuerza en conocer.
Por muy grandes que sean las palabras Energía o Dios, nunca van a contener toda la Realidad de la que son sólo ecos y sombras en la mente del hombre.
Pero el pensamiento humano ha cambiado la realidad del hombre. Ciencias, filosofías y religiones han cambiado la realidad del hombre y de su entorno. Religiones, filosofías y ciencias han servido para que los hombres vivan en mayor cantidad y en mejores condiciones.
El reto es lograr cada vez más salud física, mental y espiritual para cada hombre, más paz entre todos los hombres y más armonía de los hombres con la Naturaleza.
El tiempo, el espacio, la energía, la fuerza, loa masa...Brahma, Khrisna, Buda, Lao, Jesús, Mahoma, Mahavira, Manitú..., con todas sus fórmulas y sus leyes no son más que ecos y sombras de una realidad que el hombre se esfuerza en conocer.
Por muy grandes que sean las palabras Energía o Dios, nunca van a contener toda la Realidad de la que son sólo ecos y sombras en la mente del hombre.
Pero el pensamiento humano ha cambiado la realidad del hombre. Ciencias, filosofías y religiones han cambiado la realidad del hombre y de su entorno. Religiones, filosofías y ciencias han servido para que los hombres vivan en mayor cantidad y en mejores condiciones.
El reto es lograr cada vez más salud física, mental y espiritual para cada hombre, más paz entre todos los hombres y más armonía de los hombres con la Naturaleza.
martes, 14 de agosto de 2012
Revuelto de Ciencia y Religión
El aprendiz lee "HISTORIA DEL TIEMPO" de S. Hawking con bastante atención. Los ladridos de los perros lo distraen, pero no lo descentran.
S. Hawking trata con toda su inteligencia de introducir al lector en la Historia de la Cosmología, evitando tortuosas fórmulas y abstrusas demostraciones. Va al grano, a las preguntas que filosofías, ciencias y religiones de todo tiempo y lugar han planteado. ¿Tuvo un origen el Universo? ¿Se rige el Universo por leyes que el hombre pueda comprender?
El espacio-tiempo es el escenario donde se manifiesta el universo. Preguntarse por el antes o el después, o por dentro o por fuera, no tiene ningún sentido. Antes de este universo, durante este universo, luego de este universo y dentro y fuera de este universo y en ningún sitio, hay otros universos con otros tiempos y otros espacios y sin tiempo y sin espacio.
Los seres humanos con sus facultades emocionales, racionales, imaginativas e intuitivas investigan el universo en el que viven y descubren leyes que les permiten cambiar la faz de la Tierra y sus propias vidas.
Sin el principio de incertidumbre los hombres no hubiesen podido aparecer en la Tierra, ni la Tierra en el Universo. Es el principio que convierte la unidad en diversidad y la diversidad en misterio.
Hay otro principio de la ciencia actual, llamado de la entropía, según el cual cualquier sistema en cualquier espacio-tiempo, tiende al desorden, que no es válido si no lo asociamos con el principio de la sinergia, del que no es más que un derivado, como también lo es en principio de la armonía, por el que cualquier sistema en cualquier espacio-tiempo tiende al orden.
Si todos los sucesos del Universo son conducidos inexorablemente a un cada vez mayor desorden, ¿por qué ese desorden no se manifiesta en sucesos caóticos más que en sucesos armónicos?
Si al hombre no le queda otra que multiplicar el desorden del Universo, haga lo que haga, ¿qué libertad le queda?
S. Hawking trata con toda su inteligencia de introducir al lector en la Historia de la Cosmología, evitando tortuosas fórmulas y abstrusas demostraciones. Va al grano, a las preguntas que filosofías, ciencias y religiones de todo tiempo y lugar han planteado. ¿Tuvo un origen el Universo? ¿Se rige el Universo por leyes que el hombre pueda comprender?
El espacio-tiempo es el escenario donde se manifiesta el universo. Preguntarse por el antes o el después, o por dentro o por fuera, no tiene ningún sentido. Antes de este universo, durante este universo, luego de este universo y dentro y fuera de este universo y en ningún sitio, hay otros universos con otros tiempos y otros espacios y sin tiempo y sin espacio.
Los seres humanos con sus facultades emocionales, racionales, imaginativas e intuitivas investigan el universo en el que viven y descubren leyes que les permiten cambiar la faz de la Tierra y sus propias vidas.
Sin el principio de incertidumbre los hombres no hubiesen podido aparecer en la Tierra, ni la Tierra en el Universo. Es el principio que convierte la unidad en diversidad y la diversidad en misterio.
Hay otro principio de la ciencia actual, llamado de la entropía, según el cual cualquier sistema en cualquier espacio-tiempo, tiende al desorden, que no es válido si no lo asociamos con el principio de la sinergia, del que no es más que un derivado, como también lo es en principio de la armonía, por el que cualquier sistema en cualquier espacio-tiempo tiende al orden.
Si todos los sucesos del Universo son conducidos inexorablemente a un cada vez mayor desorden, ¿por qué ese desorden no se manifiesta en sucesos caóticos más que en sucesos armónicos?
Si al hombre no le queda otra que multiplicar el desorden del Universo, haga lo que haga, ¿qué libertad le queda?
lunes, 6 de agosto de 2012
Abrupto final
No hay ni una sola cama por vender en Aviñón, así que la Mutua se las agencia para trasnaladarlos en un taxí a Cavaillon. El taxista, concordancias de la vida, es el cuñado de la chica con la que chocaron, el mismo que había avisado a la grúa para que llevara el coche al garaje.
En un hotel de Cavaillon, un pueblo en dirección a Marsella, pasan la noche y el día siguiente hasta las seis, hora en la que viene a recogerlos otro taxista con la intención de llevarlos a Barcelona, si es que han apagado el incendio que se ha fraguado en la frontera de Portbou. Como el fuego sigue impidiendo el paso, se detienen en Narbona, en un hotel de carretera.
Pernoctan y luego desayunan. Un nuevo taxista no tarda en llegar con el mandado de llevarlos a Barcelona. Es un hombre en la mitad de la treintena, de piel negra, pero rasgos mediterráneos, un marroquí de la frontera con Argelia, que lleva media docena de años viviendo en San Climent de Sescebes, al lado de Figueres. Cuando al cabo de un rato le ofrecen algo de beber, les informa que está haciendo en Ramadán.
Como la frontera más cercana al mar sigue cerrada por el incendio toman una carretera paralela a los Pirineos hasta encontrar el siguiente paso entre las montañas.
Ascender estos amables y bellos montes, aunque sea a la velocidad de un coche es una experiencia cautivadora. Verdes profundos virginales. Atravesada la oculta frontera entre Puigcerdá y Portbou bajan por el Ripollés y el Vallés hasta Barcelona.
No es fea Barcelona vista desde esta dirección. Verdad que aglomerada, pero igual verdad, que limpia y aseada. Entrevista la casa Batlló, atractiva a kilometros a la redonda, el taxista deja a los viajeros en la estación del AVE, que rebosa de gente.
No han podido, como pensaban, alargarse a Tolosa y entrar por el Valle de Arán y luego por Huesca a Madrid. Pero aún y a la velocidad del tren más rápido de España, los viajeros disfrutan de los maravillosos paisajes de las riberas del Ebro, de los Monegros, de la comarca de espesos encinares de la provincia de Soria. Tesoros escondidos que inspiran nuevos viajes.
En un hotel de Cavaillon, un pueblo en dirección a Marsella, pasan la noche y el día siguiente hasta las seis, hora en la que viene a recogerlos otro taxista con la intención de llevarlos a Barcelona, si es que han apagado el incendio que se ha fraguado en la frontera de Portbou. Como el fuego sigue impidiendo el paso, se detienen en Narbona, en un hotel de carretera.
Pernoctan y luego desayunan. Un nuevo taxista no tarda en llegar con el mandado de llevarlos a Barcelona. Es un hombre en la mitad de la treintena, de piel negra, pero rasgos mediterráneos, un marroquí de la frontera con Argelia, que lleva media docena de años viviendo en San Climent de Sescebes, al lado de Figueres. Cuando al cabo de un rato le ofrecen algo de beber, les informa que está haciendo en Ramadán.
Como la frontera más cercana al mar sigue cerrada por el incendio toman una carretera paralela a los Pirineos hasta encontrar el siguiente paso entre las montañas.
Ascender estos amables y bellos montes, aunque sea a la velocidad de un coche es una experiencia cautivadora. Verdes profundos virginales. Atravesada la oculta frontera entre Puigcerdá y Portbou bajan por el Ripollés y el Vallés hasta Barcelona.
No es fea Barcelona vista desde esta dirección. Verdad que aglomerada, pero igual verdad, que limpia y aseada. Entrevista la casa Batlló, atractiva a kilometros a la redonda, el taxista deja a los viajeros en la estación del AVE, que rebosa de gente.
No han podido, como pensaban, alargarse a Tolosa y entrar por el Valle de Arán y luego por Huesca a Madrid. Pero aún y a la velocidad del tren más rápido de España, los viajeros disfrutan de los maravillosos paisajes de las riberas del Ebro, de los Monegros, de la comarca de espesos encinares de la provincia de Soria. Tesoros escondidos que inspiran nuevos viajes.
Incidencia en Aviñón
Los viajeros van como locos. Con la edad que tienen deberían ser menos ambiciosos y más conscientes.
Entran en Aviñón por a puerta de la muralla más al este, la más alejada del puente famoso de la canción.
La ciudad, al mediodía bulle de gentío. No saben si dirigir su mirada a los grupos de teatreros que tratan de llamarles la atención con sus comparsas y sus estrafalarios vestidos y poses o a las delicadas claras torres que se yerguen aquí y allá.
Pero hay un atractor mayor que los jala: el Palacio de los Papas cismáticos. A pesar de los cientos y cientos de turistas y viajeros que cada día penetran sus muros, aún se pueden percibir con toda claridad los ecos de los tenebrosos sucesos que ensuciaron de miedo, de sangre y de dolor estas estancias, estos sótanos y pasadizos subterráneos. Durante los años de la Revolución sus tesoros y obras de arte fueron destruidos o expoliados. Perversiones humanas.
Son ya las tres de la tarde cuando los viajeros salen del recinto amurallado de Aviñón y comienzan a circular por sus afueras buscando la salida a Tolosa. Justo en la puerta del puente, a la orilla del verde Ródano, se distraen y chocan con un coche que quiere entrar en la ciudad.
Entran en Aviñón por a puerta de la muralla más al este, la más alejada del puente famoso de la canción.
La ciudad, al mediodía bulle de gentío. No saben si dirigir su mirada a los grupos de teatreros que tratan de llamarles la atención con sus comparsas y sus estrafalarios vestidos y poses o a las delicadas claras torres que se yerguen aquí y allá.
Pero hay un atractor mayor que los jala: el Palacio de los Papas cismáticos. A pesar de los cientos y cientos de turistas y viajeros que cada día penetran sus muros, aún se pueden percibir con toda claridad los ecos de los tenebrosos sucesos que ensuciaron de miedo, de sangre y de dolor estas estancias, estos sótanos y pasadizos subterráneos. Durante los años de la Revolución sus tesoros y obras de arte fueron destruidos o expoliados. Perversiones humanas.
Son ya las tres de la tarde cuando los viajeros salen del recinto amurallado de Aviñón y comienzan a circular por sus afueras buscando la salida a Tolosa. Justo en la puerta del puente, a la orilla del verde Ródano, se distraen y chocan con un coche que quiere entrar en la ciudad.
viernes, 3 de agosto de 2012
Marsella
¿Qué viajero no quisiera pasar en Marsella siquiera una tarde? Difícil sería que no encontrara en ella más de lo que esperara.
Es como si absorbiera, como si estar en ella colocara en una muy rara dimensión de la realidad..
El aprendiz y la mujer queriendo subir a Notre Dame de Garde, desde donde se otea la ciudad con sus puertos, sus fuertes y sus islas protectoras, son llevados no se sabe por qué hado al barrio más viejo de Marsella, para acabar al lado mismo de otra catedral mucho más grande que llaman la Mayor.
En el callejeo, el aprendiz escucha con un sentido interno a su padre muerto hace un año. En su mente, al mirar una torrecilla clara, del siglo XIII, se hace un pensamiento. Como si su padre pensara en él. " Yo fui cordelero aquí. Recuerdo esa iglesia, a ella iba yo casi todos los días. "
Parada en una esquina, una pareja vestida con sendas túnicas negras, puede que armenios, y subiendo una calle otra pareja con distintas túnicas y tocados, puede que abisinios. Marsella es como un Arca de Noé de culturas y religiones. Como una especie de Nueva York en el Mediterráneo. Con una particularidad, aquí las culturas y religiones conviven en el mismo barrio, allá viven en barrios separados.
Los viajeros no sienten la más mínima sensación de miedo.
La catedral Mayor asombra y entusiasma. Inacabada, vacía de gente.
Guiados por las señales, suben una cuesta callejeando y acaban en la "Charité", la obra social y de caridad más importante en la Francia de finales del siglo XVII. La cúpula de la pequeña iglesia que se levanta en medio de la plaza que encierra el inmenso hospital de la "Charité", austero y ascético.
Bajan hasta los puertos y se paran a contemplar desde un mirador, restos de castillos, murallas e iglesias, testigos de muchos tiempos. Conversan con unas gentes de Nueva Jersey nacidos en Shanghai.
El color de esta ciudad que los griegos llamaron Marssala, puede que no dé bonito en las fotos, pero pocas ciudades tan grandes pueden verse en Europa con un color tan uniforme. Tierra. Nada chirría.
El puerto nuevo es el puerto soñado por todos los marineros.
Es como si absorbiera, como si estar en ella colocara en una muy rara dimensión de la realidad..
El aprendiz y la mujer queriendo subir a Notre Dame de Garde, desde donde se otea la ciudad con sus puertos, sus fuertes y sus islas protectoras, son llevados no se sabe por qué hado al barrio más viejo de Marsella, para acabar al lado mismo de otra catedral mucho más grande que llaman la Mayor.
En el callejeo, el aprendiz escucha con un sentido interno a su padre muerto hace un año. En su mente, al mirar una torrecilla clara, del siglo XIII, se hace un pensamiento. Como si su padre pensara en él. " Yo fui cordelero aquí. Recuerdo esa iglesia, a ella iba yo casi todos los días. "
Parada en una esquina, una pareja vestida con sendas túnicas negras, puede que armenios, y subiendo una calle otra pareja con distintas túnicas y tocados, puede que abisinios. Marsella es como un Arca de Noé de culturas y religiones. Como una especie de Nueva York en el Mediterráneo. Con una particularidad, aquí las culturas y religiones conviven en el mismo barrio, allá viven en barrios separados.
Los viajeros no sienten la más mínima sensación de miedo.
La catedral Mayor asombra y entusiasma. Inacabada, vacía de gente.
Guiados por las señales, suben una cuesta callejeando y acaban en la "Charité", la obra social y de caridad más importante en la Francia de finales del siglo XVII. La cúpula de la pequeña iglesia que se levanta en medio de la plaza que encierra el inmenso hospital de la "Charité", austero y ascético.
Bajan hasta los puertos y se paran a contemplar desde un mirador, restos de castillos, murallas e iglesias, testigos de muchos tiempos. Conversan con unas gentes de Nueva Jersey nacidos en Shanghai.
El color de esta ciudad que los griegos llamaron Marssala, puede que no dé bonito en las fotos, pero pocas ciudades tan grandes pueden verse en Europa con un color tan uniforme. Tierra. Nada chirría.
El puerto nuevo es el puerto soñado por todos los marineros.
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San Paul de Vence. Marc Chagall
El aprendiz gusta del arte en general, pero no le atraen en exceso ni la pintura ni la escultura de Miró y Picasso. A algo menos de una hora en coche, desde Cannes, muy cerca del pueblo de San Paull de Vence, se encuentra la fundación Maegth. De la misma forma que el "turismo cultural" ha tomado Arles por la fama de Van Gogth y Gauguin ha tomado San Paul de Vence por la de Picasso y Miró.
Ya de entrada les recaudan a los viajeros veinte euros, y luego cinco más por el derecho a sacar fotos.
Una amplia exposición de la obra escultórica de Miró, que más que arte parece broma o "boutade". Un minúsculo Modigliani, y salas y más salas con la obra del último de los artistas apadrinados por la fundación, alguien de difícil nombre para un latino y obras más bien "dejectables" con alguna pequeña excepción.
Hay sin embargo en el museo un lienzo de regulares dimensiones de Marc Chagall por el que merece la pena entrar en él. "La vie".
El pueblo de san Paul de Vence está erigido en la cima de un pequeño montículo, envuelto en una muralla, en el comienzo de lo que llaman Alpes Marítimos, a tan poca distancia del mar como de las primeras cumbres y valles de los Alpes. El enclave es mágico.
Ya de entrada les recaudan a los viajeros veinte euros, y luego cinco más por el derecho a sacar fotos.
Una amplia exposición de la obra escultórica de Miró, que más que arte parece broma o "boutade". Un minúsculo Modigliani, y salas y más salas con la obra del último de los artistas apadrinados por la fundación, alguien de difícil nombre para un latino y obras más bien "dejectables" con alguna pequeña excepción.
Hay sin embargo en el museo un lienzo de regulares dimensiones de Marc Chagall por el que merece la pena entrar en él. "La vie".
El pueblo de san Paul de Vence está erigido en la cima de un pequeño montículo, envuelto en una muralla, en el comienzo de lo que llaman Alpes Marítimos, a tan poca distancia del mar como de las primeras cumbres y valles de los Alpes. El enclave es mágico.
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Marca Chagall,
MIró.,
San Paul de Vence
miércoles, 1 de agosto de 2012
Como rico en Cannnes
La mujer estudió el bachillerato en un colegio internacional y conserva una amiga de entonces que tiene una casa de verano en Cannes. El aprendiz tiene la ocasión de vivir como un rico tres noches y dos días.
La posesión está situada en la parte alta de la ladera sur de una montaña de espesa arboleda. Los puertos y las playas de Cannes a pocos minutos en coche.
Cuando llegan, tocan a un timbre y se les abre una cancela de hierro de no grandes proporciones. Un hombre alto, joven y fuerte, coge las maletas más pesadas y los conduce por un camino, entre grandes árboles, a una zona en la que destaca una piscina, donde les espera la señora de la casa. Dos mujeres, una filipina y otra francesa, les sirven amablemente té helado.
La piscina se hunde bajo un gran porche, escoltada por un par de pérgolas clásicas. Aire balsámico. La casa es una mansión de los años veinte, al estilo italiano de la época, con dos pisos y sótano, amplia y funcional. Nada ostentoso, todo sencillo, pero original y bello. Las personas y los animales, tres grandes perros, parecen seguros en su tarea. Todos parecen hacer sus trabajos de buena gana. El más ocupado es in duda el señor, que se pasa horas y horas enganchado a un ordenador operando en sus obras de Nueva York.
La señora parece una mujer etérea: delgada y elegante. Tanto ella como su marido visten con estudiada singularidad. Gentes ricas por generaciones, oriundos del Mediterráneo oriental. Pasan del árabe al inglés y al francés, y entienden el español. Ella también algo de japonés y él algo de chino, que ahora practica a ratos con el nuevo cocinero. En la casa entran tanto los amigos de los señores, que viven en un palacete a mayor altura en la ladera de otra montaña, como las parejas y amigos de los sirvientes, pero no coinciden en los mismos sitios ni a las mismas horas.
Más destacado que la mansión, es el bosque en el que ésta se esconde. A un rendido admirador de los árboles como es el aprendiz, mejor regalo no se le podría hacer. Una pareja de olivos bravíos, que ni en Mallorca hay más altos, más fuertes, más sanos y más vivos, escoltan a un cedrouela y abu del Líbano de tronco de fuego. Y palmeras reales que ni en Sevilla ni en Alicante se ven más altas. Abetos, cipreses, secuoyas y un tejo geminado, de troncos abuela y abuelo.Oculto, un huerto con los frutales más comunes de la Provenza.
Con sumo gusto se hubiese pasado un largo rato en aquel bosque tan divertido.
Cannes es ciudad de vacaciones, donde los ricos de moda exhiben sus yates, y los buscones de fama o dinero, sus ostentosos cuerpos. Bonitas playas y cuidados puertos, pero banal, más allá de la esplendida geografía que la cobija.
La posesión está situada en la parte alta de la ladera sur de una montaña de espesa arboleda. Los puertos y las playas de Cannes a pocos minutos en coche.
Cuando llegan, tocan a un timbre y se les abre una cancela de hierro de no grandes proporciones. Un hombre alto, joven y fuerte, coge las maletas más pesadas y los conduce por un camino, entre grandes árboles, a una zona en la que destaca una piscina, donde les espera la señora de la casa. Dos mujeres, una filipina y otra francesa, les sirven amablemente té helado.
La piscina se hunde bajo un gran porche, escoltada por un par de pérgolas clásicas. Aire balsámico. La casa es una mansión de los años veinte, al estilo italiano de la época, con dos pisos y sótano, amplia y funcional. Nada ostentoso, todo sencillo, pero original y bello. Las personas y los animales, tres grandes perros, parecen seguros en su tarea. Todos parecen hacer sus trabajos de buena gana. El más ocupado es in duda el señor, que se pasa horas y horas enganchado a un ordenador operando en sus obras de Nueva York.
La señora parece una mujer etérea: delgada y elegante. Tanto ella como su marido visten con estudiada singularidad. Gentes ricas por generaciones, oriundos del Mediterráneo oriental. Pasan del árabe al inglés y al francés, y entienden el español. Ella también algo de japonés y él algo de chino, que ahora practica a ratos con el nuevo cocinero. En la casa entran tanto los amigos de los señores, que viven en un palacete a mayor altura en la ladera de otra montaña, como las parejas y amigos de los sirvientes, pero no coinciden en los mismos sitios ni a las mismas horas.
Más destacado que la mansión, es el bosque en el que ésta se esconde. A un rendido admirador de los árboles como es el aprendiz, mejor regalo no se le podría hacer. Una pareja de olivos bravíos, que ni en Mallorca hay más altos, más fuertes, más sanos y más vivos, escoltan a un cedrouela y abu del Líbano de tronco de fuego. Y palmeras reales que ni en Sevilla ni en Alicante se ven más altas. Abetos, cipreses, secuoyas y un tejo geminado, de troncos abuela y abuelo.Oculto, un huerto con los frutales más comunes de la Provenza.
Con sumo gusto se hubiese pasado un largo rato en aquel bosque tan divertido.
Cannes es ciudad de vacaciones, donde los ricos de moda exhiben sus yates, y los buscones de fama o dinero, sus ostentosos cuerpos. Bonitas playas y cuidados puertos, pero banal, más allá de la esplendida geografía que la cobija.
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