miércoles, 21 de febrero de 2018

Un discurso diabólico.

   Terrible dilema el de los filósofos, en un tiempo en el que domina el genetismo, la variante moderna, con marchamo científico, de la doctrina  que enseña que el  destino es inexorable, y que los seres humanos son incapaces de determinar sus propias vida.  Todo está en los genes, nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro.
   Impotentes ante nuestras propias pasiones no nos queda más remedio que conformarnos con el gen del arrepentimiento o del perdón, en una vorágine que nos lleva del nacimiento, que no elegimos, a la muerte, que tampoco podemos elegir. Hasta los suicidas son víctimas de sus genes.
   El genetismo radical convierte a los humanos en robots programados por la herencia.
   Se nace tonto o listo, fuerte o débil, cuerdo o loco, dominante o sumiso, codicioso o generoso, impulsivo o reprimido, envidioso o noble, traidor o leal….. con el único objeto de sobrevivir. Vicios y virtudes dejan de ser valores morales para devenir consecuencias inexorables de un código genético heredado.
   Las consecuencias de esta filosofía dominante, inoculada desde la infancia desde todas las tribunas sean éstas vivas o mediáticas, son el conformismo social y político. Nada se puede hacer. Los poderes ocultos lo controlan todo. Resistencia y disidencia son inútiles. No hay más remedio que luchar en las selvas de la economía que a cada cual le toca si no se quiere sucumbir a la marginación y a la miseria.
   Un discurso diabólico que esconde la incapacidad de la actual organización política, económica y social. Incapacidad para pensar  un futuro más saludable, más pacífico, más armonioso y más justo que el presente.
   Se avecinan tiempos revueltos.
 
 
 
 
 

No hay comentarios: