martes, 14 de julio de 2009

Cada ser humano tiene su propio camino marcado en las espirales de los mundos. Todas las vías acaban en el mismo vórtice, pero, mientras tanto, enredados en los espinos, entretenidos por las sirenas, huyendo de los fantasmas o persiguiendo a las quimeras en espacios y tiempos limitados, la mayoría de los hombres se acomoda al comer, beber, dormir, trabajar y fornicar.
El tiempo y el espacio son elaboraciones mentales, cruz de los caminos de los humanos. Con el tiempo y el espacio la humanidad marca su mundo. El hombre, en el centro del espacio y del tiempo que se cruzan, no es más que un esclavo de su mente.
Pero si prescinde de la cruz espacio-tiempo, ¿qué le queda al aspirante a prendiz?
Intuye, acaso vive, un mundo de relojes parados y espacios vacíos. Nada es nuevo o viejo, cercano o lejano.
El Amor está en todos los caminos que sacan al hombre del mundo de los Miedos y la Infelicidad
y lo llevan allá donde no hay pena ni dolor.

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