jueves, 9 de julio de 2009

El aspirante pensaba que cada día escribiría una entrada o varias, pero resulta que no tiene nada que decir. Por eso es por lo que sigue leyendo al shayj al-Akbar, aquel Muhammad al que parieron en Murcia y fue el viajero más intenso y más extenso de su tiempo y de muchos tiempos.
Un cielo de sal, de cal, de nieve, de humo de sándalo, de nube sin agua. Un universo blanco, sin mezcla de color o de luz, algo así, pensaba, el que fuera llamado el más grande de los maestros, que era el barzaj que separaba la consciencia ordinaria de la consciencia sutil.
Pero el aspirante aprendiz no sabe si el estado en el que se encuentra muchas veces en sus meditaciones es o no es lo que otro sabio, este sin nombre, nombrara la nube del No Saber.
En los últimos días la nube desaparece y como un tonto o como un cobarde se rinde al sueño.

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