Los seres humanos se meuven para evitar el sufrimiento, y piensan para evitar el sufrimiento.
El aspirante recuerda su formación cristiana y piensa si en algún momento, Jesús, muestra alegría mientras sufre, y no encuentra un solo versículo en los Evangelios que afirme que Jesús encuentra felicidad en el sufrimiento.
El aspirante no conoce sin embargo un hombre en la historia que no haya sufrido.
El aspirante se distrae en la multiplicidad del mundo y olvida por unos momentos la Nube del Desconocer.
En el fondo sólo quiere aprender a ser feliz, pero en la forma siempre imagina para su vejez plantar un huerto-jardín. Ya tiene una idea general del diseño. Es su imaginación más recurrente.
Sobrio o ebrio el aspirante concentra su atención y da gracias por todo lo que ocurre.
Puede que la cabeza se le expandiese un instante, pero un miedo profundo lo atacaba. Vano miedo.
No es aún perfecto en el amor y sin esa condición nadie puede aprender el camino que lleva al Primer Paraíso.
El aspirante está mareado, pero respira hondo e intenta percibir el gozo de vivir.
No son los mejores estados éstos por los que el aspirante se halla, pero muchas veces un estado no agradable deja paso a un estado agradable.
Es propio del aspirante que entre en contradicción, que vaya del más leve de los infiernos al Primer Cielo a través de la Nube del no Saber.
sábado, 11 de julio de 2009
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