TORCAS
Aparcamos el vehículo cerca de una cabaña de reducidas dimensiones, vacía. En un panel, indicaciones para seguir una ruta larga y otra corta, pasando al lado de más o menos torcas.
Una torca es un pozo en la superficie de una meseta rocosa. Por obra de los ríos subterráneos el terreno se hunde.
Maraña de sendas y trochas, que se extienden entre un tupido pinar por los Palancares enlazan
la veintena de hoyancos.
La más rica en singularidades es la torca del Lobo. Una diadema de rocas duras, verticales, negras, naranjas y blancas. La bajada a manos limpias parece imposible para un hombre. Bajo la mole, tierra que resbala, al principio con gran ángulo de inclinación, para en el fondo acabar en la base de un tronco de cono invertido.
Voltear la torca del Lobo a medio metro del borde del abismo nos procura un cúmulo de sensaciones nuevas. Una mariposa pasa silbando junto al oído mientras mira como se retuerce un pino al borde del precipicio.
El fondo de la torca es refugio de árboles, arbustos, plantas y animales de gran rareza. Un ave de pequeñas dimensiones da vueltas y más vueltas bajo nuestra mirada. Rapacilla de las simas. En las paredes de roca hay hendiduras, baumas, cuevecillas... Sendas minúsculas bajan por la tierra inclinada. No hay que ser un gran detective para saber que son pequeños roedores y reptiles los que las han marcado con sus idas y venidas.
Uno no se cansa de contemplar la variadísima vegetación que crece con vigor en la torca del Lobo.
Entre torca y torca, mariposas que juegan al escondite con los paseantes. Cuando se posan en los troncos de los pinos no hay ojos que las vean de lo bien que se camuflan.
En la torca de la Escalerita, sobre una roca al borde del abismo, un lagarto amarillo y celeste toma el sol. Como por arte de magia desaparece por una grieta.
LAGUNAS
Hay tres lagunas a unos tres kilómetros de Cañada del Hoyo por la carretera que sube a Valdemoro-Sierra. Están al lado del asfalto, accecibles incluso para ancianos y padres con carritos. La primera que se ve es la más extraordinaria, con un color que la convierte en única. El celeste de su agua es de un frío tan intenso, que opaca cualquier transparencia de la vegetación de sus paredes y del mismo cielo. Serenidad completa. A pocos pasos se ahonda un lagunillo pardo de triste apariencia, pero que mirándolo bien ewfleja en toda su pureza el verde de los pinos, el marrón de las rocas y el azul del cielo.
En la vegetación de la boca de las lagunas predominan los pinos, pero de trecho en trecho se ven sabinas, rosáceas, mirtos y mucho romero, tomillo y lavanda. Los sentidos en alerta en un mundo natural que en nada se parece al mundo urbano.
La tercera laguna es verdosa, más grande, más rocosa, también muy transparente.
CHORREADERO
No hace falta llegar a Valdemoro-Sierra, donde el asfalto muere. Un kilómetro y medio antes, a los viajeros les espera una sorpresa de lo más saludable en un día de mucho calor. Bresoles del Guadazaón. El agua pura se desparrama por entre las grietas de un muro de rocas formando pequeñas artesas y diminutas cascadas. Paraíso infantil, fresco y húmedo. Mariposas y libélulas liban entre las hierbas y los juncos.
viernes, 23 de agosto de 2013
Evocaciones de Cuenca (1)
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