domingo, 25 de agosto de 2013

Del centro al sur de España (2)

   DE MADRID A BARBATE POR EL OESTE

   Seis personas en dos coches toman la carretera de Extremadura. El viajero de más edad, el único español de la media docena, cuando pasa por Alcorcón y Fuenlabrada recuerda el tiempo en que estas ciudades eran pequeños pueblos campesinos. Luego los dominios del río Alberche, paralelo a la sierra de Gredos. El castillo de Maqueda, con sus altos y remozados muros nos invita a contemplarlo.
   A pesar de distar apenas dos horas en coche de Madrid, Talavera de la Reina es casi un enigma para los viajeros. Destrozada a cañonazos en la Guerra de la Independencia, los restos de su historia se desparraman ocultos tras los modernos bloques de pisos. La producción cerámica modernizada sigue siendo un aliciente para parar y a los viajeros más románticos les aguarda la sorpresa del Parque y la Basílica de la Virgen del Campo. Al lírico Tajo lo han ornado con un nuevo puente.
   El paisaje cambia cuando a la provincia de Toledo sucede la de Cáceres, con su siempre bendita comarca de la Vera, donde las espumas de los torrentes de Gredos cantan su amor a las flores de los cerezos.
   En Navalmoral de la Mata la carretera atraviesa el Tajo y da la espalda al pico del Moro Almanzor. Luego, a la derecha, el parque nacional de Motfragüe y a la izquierda la Sierra de Guadalupe. El viajero viejo hace memoria del oculto lugar en el que unos hombres, hace siglos, construyeron un monasterio, que es a la vez fortaleza, convento e iglesia, de una belleza sobrecogedora.
   España es un país púdico, que oculta sus tesoros en las profundidades de sus sierras y acantilados.
   Parada en Trujillo, en la primera plaza de la ciudad baja. Hace sol y apenas, bajo unos árboles, pueden los viajeros disfrutar de un poco de frescura. Mientras comen aparece un sujeto con una botella de buen whisky cogida por el cuello. Se la ofrece al californiano mientras le pregunta:
   - ¿Tú de dónde eres?
   - Del mundo
   - ¡Canadiense!
   El californiano del mundo sospecha que el extraño trujillano quiere engañarlo. El español observa la escena con un punto de vergüenza ajena, pero después de todo la picaresca se extiende por todo el mundo.
   Trujillo merece un largo día. Difícil encontrar tantos restos medievales y tan bien conservados en tan poca superficie. La alcazaba califal aún resiste sólida con sus más de mil años encima. Memorable todo el conjunto de murallas, torres, conventos, iglesias y palacios que se desparraman por un empinado cerro.
   Pasado el Alto de Santa Cruz se vislumbran las llanuras del Guadiana. Las riberas de su afluente Búrdalo verdean de cultivos.
   La carretera se alarga paralela al río Guadiana, para a la altura de San Pedro de Mérida, abandonarlo en su ancho meandro que termina en Mérida.
   A los viajeros que ya conocen esta ciudad, no les queda otra que suspirar. No hay en España sitio con más vestigios romanos. Acueducto, anfiteatro, puente, teatro,templo de Diana, Museo de Arte Romano...
   A la derecha la Tierra de Barros y a la izquierda La Serena, antes de llegar a las sierras del norte de las provincias de Sevilla y Huelva.
   Los viajeros que conocen la zona no pueden menos que recordar la cueva de las Maravillas y las murallas de Cumbres Mayores, en la Sierra de Aracena. Geografías e historias perdidas por los caminos hondos.
   Sin apenas darse cuenta atraviesan El Aljarafe y se adentran en los ruedos de Sevilla. Mucho tráfico por sus autovías de circunvalación, pero fluido y ordenado.
   Y de pronto, la Vega del Guadalquivir. La vista se pierde en extensiones de maíz y algodón de un verdor que maravilla. En España se pueden ver muchísimas comarcas cultivadas con esmero, pero ninguna tan ubérrima como ésta que atraviesan el río Betis y sus canales al sur de la sin par Sevilla.
   Los viajeros no sienten el cansancio y sin darse casi ni cuenta dejan Jerez de la Frontera a la derecha y toman la dirección a Algeciras. La geografía llanísima da paso a pequeñas elevaciones que esconden ganaderías de toros bravos. Medina-Sidonia, Vejer, Barbate y el Atlántico.

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