DE MADRID A PEDRAZA PASANDO POR SEGOVIA
El Madrid que va de la Plaza Mayor al Palacio Real y atraviesa el barrio de los Austria es el más puro y emocionante de los Madriles. Poético, musical y pictórico, entre el silencio y el murmullo.
Es una auténtica troupe en viaje a Pedraza a comer en el mesón Manrique el mejor cordero asado que conocen. Las familias de los novios atraviesan la Sierra de Navacerrada entre pinos, picos, lomas y laderas, donde este año, por excepción aún se funde la nieve.
El viajero que no se ha perdido algunas veces por los altos de Peñalara y sus lagunas o por las abruptas y laberínticas sendas de la Pedriza no sabe lo que se ha perdido.
Pero el tiempo apremia y tras el alto de Navacerrada, el muy nombrado pinar de Balsaín, la Granja con sus Reales Sitios, Segovia y más adelante tierras de la Castilla interior, ganadera más que agricultora, y al final, Pedraza.
Pedraza es villa añosa, encastillada y amurallada. Península entre arroyos. Pedraza es libro, en el que sabe, lee un puro trozo de la Historia de España.
La prisa acucia, y los viajeras, luego del buen yantar, mal beber y buen pasear, vuelven a Segovia.
El acueducto. En la plaza aneja grupos folclóricos de distintos países bailan sobre un tablado al ritmo de una orquestina. El turista apenas tiene tiempo de intuir la belleza de una ciudad única.
El viajero no puede menos que hacer memoria de la Segovia íntima, que se encuentra en sus iglesias románicas, en su catedral gótica de cúpula espléndida, en sus calles medievales de suelo de piedra, en sus palacios, en sus plazas, en sus rincones, en el Alcázar. Y abajo junto al río, sus huertos y jardines ideales. La Vera Cruz, templaria. El paseo de San Juan de la Cruz. El Parral. Los amigos...
sábado, 24 de agosto de 2013
Del centro al sur de España (1)
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