martes, 27 de agosto de 2013

¡Ay, Jerez de la Frontera!

   Los viajeros no saben que Jerez de la Frontera es la tercera ciudad más poblada de Andalucía, con cerca de un cuarto de millón de habitantes. A pesar de la fama universal de sus vinos y sus caballos, Jerez de la Frontera es quizás de las ciudades más famosas de España y también de las más desconocidas.
   Entrar por sus anchas avenidas y sus amplias rotondas, ornamentadas con esculturas mastodónticas, impresiona tanto como desconcierta. Los viajeros sienten unas irrefrenables ansias de descubrir una urbe que ni por asomo esperaban les sorprendiera tanto.
   Atravesar las tierras que se extienden entre los cursos bajos de los ríos Guadalete y Guadalquivir, en especial las situadas al oeste, impone. Suaves lomas de tierra alberiza cubiertas de viñas mínimas que apenas manchan la pura blancura. Paisaje angelical.
   El alcázar es la construcción más llamativa y más extensa de la ciudad. Erigido en los tiempos almohades del gran maestro Ibn Arabí, en su interior guarda palacio, mezquita, jardín y baños. Sólidos muros, torres compactas, fortaleza perfecta.
   El alma del alcázar es su mezquita. Imposible imaginar belleza más sobria, más íntima, más espirituada. Por dentro y por fuera. Los baños no tienen ningún lujo, ni cerámicas, ni pinturas ni ornamento alguno. Limpio ascetismo.
   Muy cerca está la catedral cristiana, junto al alminar muslim, que hoy soporta dos campanarios y una cúpula cristianas. Imposible no captar la belleza de un paisaje arquitectónico tan singular. Nada estorba, nada desentona, nada impide la visión de una obra de arte de proporciones exactas. La fachada es un prodigio de simetrías.
   Plazas y palacios. Torres y espadañas. Iglesias y conventos. Barrios blancos. Todo en Jerez rezuma vida y arte.
   Visitar sus bodegas, sus museos, sus parques, sus plazoletas, sus tiendas... y un buen rato para acercarse a la Cartuja.

No hay comentarios: