sábado, 10 de marzo de 2018

Hay algo peor que la ignorancia

   Peor que la ignorancia es el conocimiento erróneo. El éxito de la propaganda está en lograr que la gente piense lo que a los propagandistas les interesa, ya sean los propagandistas dirigentes políticos,  económicos, religiosos o científicos de cualquier tendencia. El incauto humano se deja atrapar en unas u otras redes de propaganda y sintoniza sus ideas con la red en la que cae. Lo que no sabe es que sus ideas no son suyas, no son fruto de su reflexión sobre realidades que conoce, sino de otros que inventan una realidad ajustada a sus propios intereses políticos, económicos, religiosos o científicos.
   Un buen lema, una buena consigna, un buen panfleto tienen mucha más influencia social que un análisis objetivo y sin prejuicios de quinientas páginas. La capacidad crítica de las mayorías de abducidos por la propaganda es casi nula. Su nación, su partido, su iglesia, su banco, su hospital son perfectos y fiables mientras que las otras naciones, partidos, iglesias, bancos y hospitales dejan mucho que desear.
   La mayoría de la gente se adhiere a un conjunto de ideas, y aunque jamás se hayan preocupado por conocer su veracidad, contrastándolas con la realidad, si se les hace ver que sus ideas no se sostienen en un conocimiento propio, sino en tópicos del ideario al que se han adherido, se lo toman como si se les estuviese atacando.
   Los propagandistas imponen sus criterios de verdad, de belleza y de bondad, en función de lo que les conviene en cada momento. La mayoría de la gente que trabaja no tiene tiempo de analizar y contrastar la propaganda que les pasan los propagandistas. Y es así que las medias verdades pasan como verdades completas y hasta las mentiras completas como verdades completas.
   Los vendedores de falsas necesidades, de ideas interesadas, de emociones forzadas, se ocupan de llenar la mente y el corazón de la gente con sus promesas de lujo, felicidad y vida. En la realidad todo es falso. Las promesas son humo y la gente en lugar de vivir con más tranquilidad vive con más ansiedad y con más problemas de salud física y mental.
   A la gente se le llena la mente con ideas ajenas, con emociones ajenas, con sueños ajenos. Los propagandistas no dejan tiempo para pensar, sentir y soñar por cuenta propia. Se propagan ideas absolutas sin ninguna base en hechos reales y las gentes las creen, porque su capacidad de pensar, por falta de uso, tiende a ser nula.
   La gente se deja seducir por el nacionalismo, por el populismo, por el consumismo, por la xenofobia, por el sexismo y en general por todo aquello que lo hace distinto a los demás, que lo hace especial, que lo hace sentirse superior a los otros. Los propagandistas conocen muy bien cuáles son las tentaciones en las que la gente cae con más facilidad.
   Lo importante no es la Salud de los humanos, lo importante son los beneficios de las empresas farmacéuticas, lo importante no es la Paz, lo importante son los presupuestos de Defensa, lo importante no es la Armonía con la Naturaleza, lo importante es la producción de lo que sea con tal de que sea vendible.
 

 
 
 

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