Me pasaría toda la noche dando gracias.
Hasta que el dulce sueño me llevara a otro mundo
en el que seguir dando más gracias y más gracias.
Gracias por haber nacido en un cuerpo mortal.
Gracias por gozar y gracias por sufrir.
Por amar, por creer, por esperar.
Por desamar, por descreer, por desesperar.
Gracias por los sentidos y por la extinción de los sentidos.
Por la memoria y por el olvido.
Gracias por las luces de todas las estrellas.
Y gracias por la oscuridad de todos los agujeros negros.
Gracias por la salud y por la enfermedad.
Por las alegrías y por las tristezas.
Gracias por la debilidad y gracias por la fuerza.
Me pasaría toda la noche dando gracias.
Hasta que el dulce sueño me llevara a otro mundo
en el que seguir dando más gracias y más gracias.
¿Cómo puede un ser humano dar gracias por el dolor?
Porque el dolor es una advertencia de la honda consciencia.
Dar gracias por todas las contradicciones de la existencia.
Por las negaciones que se convierten en afirmaciones.
Por los vicios que acaban en virtudes.
Por los odios que transmutan a amores.
Por la ignorancia que muda en sabiduría.
Por la locura que a la cordura aboca.
Por la compañía y por la soledad.
Por las dudas y por las certezas.
Por los abandonos y por los encuentros.
Me pasaria toda la noche dando gracias.
Hasta que el duce sueño me llevara a otro mundo
en el que seguir dando más gracias y más gracias.
Gracias por la diversidad de los seres.
Gracias por la coherencia de la Creación.
Gracias por lo que se mueve y por lo que permanece quieto.
Gracias por los sentimientos y gracias por la insensibilidad.
Gracias por los pensamientos y por el vacío de pensamientos.
Por los sueños y por la ausencia de sueños. Por todos los deportes y por todas las danzas.
Por los duendes, por las hadas, por las musas.
Gracias por todas las ciencias, por todas las filosofías, por todas las religiones.
Gracias por los deseos y gracias por la falta de deseos.
Gracias por todo lo que existe y por todo lo que no existe.
Me pasaría toda la noche dando gracias.
Hasta que el dulce sueño me llevara a otro mundo
en el que seguir dando más gracias y más gracias.
Gracias por las noches de invierno junto al fuego.
Por las tardes de primavera al tibio sol.
Por las mañanas de otoño en la riberas de los ríos.
Por los amaneceres y atardeceres de verano en los campos.
Por la lluvia, por la nieve, por el viento, por el granizo.
Por las nubes de todos los colores, formas y tamaños.
Por las montañas peladas y por los valles verdes.
Por las selvas y por los desiertos, por las tundras y las taigas.
Por los barrancos hondos y por los picos altos.
Por las cuevas, por los volcanes, por las cataratas.
Gracias por la carne del mundo. Y por su alma.
Me pasaría toda la noche dando gracias.
Hasta que el dulce sueño me llevara a otro mundo
en el que seguir dando más gracias y más gracias.
Gracias por el tosco granito y por el puro diamante.
Por cada piedra, por cada flor, por cada insecto.
Gracias por los arrebatos y gracias por los arrobos.
Por las aves que cruzan el cielo y por las que cantan entre el follaje.
Por las playas y las islas de la Tierra.
Por los misterios que se esconden detrás de cada ser.
Gracias por haber sido niño y por haber llegado a viejo.
Gracias por todas las personas a las que amé.
Gracias por los miedos y gracias por las pesadillas.
Gracias por el valor y por los sueños lúcidos.
Y gracias por la ignorancia que es la madre de la sabiduría.
Me pasaría toda la noche dando gracias.
Hasta que el dulce sueño me llevara a otro mundo
en el que seguir dando más gracias y más gracias.
Gracias por todas las lenguas y por todos las cifras.
Por todos los misterios desvelados y sin desvelar.
Por los singulares y los plurales.
Por los masculinos, los femeninos, los neutros y los epicenos.
Por los mandalas y por los fractales.
Gracias por la belleza en todas sus dimensiones.
Por la bondad de todas sus maneras.
Por la verdad con todas sus perspectivas.
Gracias por todos los seres humanos uno a uno.
Gracias por los mundos imaginales.
Por la épica, por la lírica, por el teatro…
Me pasaría toda la noche dando gracias.
Hasta que el dulce sueño me llevara a otro mundo
en el que seguir dando más gracias y más gracias.
Gracias por todas las geografías y todas las urbes.
Por Sevilla, por Córdoba y por Granada.
Por el Darro, por el Genil y por el Guadalquivir.
Por la Alhambra, la Mezquita y la Giralda.
Por Madrid, por Segovia y por Toledo.
Por Ávila, por Salamanca, por Valladolid.
Por Zaragoza, por Barcelona y por Mallorca.
Gracias por todas las ciudades del mundo.
Gracias por todos los paisajes del mundo.
Por Boston, por Nueva York, por san Francisco.
Por Ámsterdam, por Lisboa, por París.
Me pasaría toda la noche dando gracias.
Hasta que el dulce sueño me llevara a otro mundo
en el que seguir dando más gracias y más gracias.
Por Roma, por Florencia, por Venecia.
Por el cañón del Colorado y por las cataratas del Niágara.
Por el Nilo, el Amazonas, el Congo, el Amarillo.
Por todos los templos, por todas las mezquitas, por todas las iglesias.
Por Santa Fe de Bogotá, por Quito, por Lima, por Iquitos.
Por todas las ciudades conocidas y por conocer.
Por todos los climas y por todos los ecosistemas.
Por cada día, por cada hora, por cada minuto, por cada segundo.
Por el entusiasmo y por la desidia, gracias.
Por la cordura y por la locura, gracias.
Gracias hasta por las desgracias. Gracias, gracias, gracias.
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