miércoles, 8 de septiembre de 2010

Alpujarras

Al poco la Ragua, y cuesta abajo, a la izquierda Bayárcal y a la derecha Laroles. Parada y café. El camarero habla en francés con un cliente y el viajero le pregunta:
- ¿Eres francés?
- No, soy belga, pero me quedé huérfano y me vine aquí con mis abuelos.
- Esto ha cambiado mucho. Hace treinta años, cuando tú aún no habías nacido, esto era otra cosa.
- Quedan cada vez menos pueblos como antes, pero aún se puede encontrar algunos. Almegijar por ejemplo.
Cuando llegan a Cherín, en lugar de dirigirse a Cádiar por Yátor, porque no encuentran señal por ningún sitio, lo hacen por Válor, y se comen curvas y más curvas, atravesando pueblecitos blancos colgados de la montaña. A Yegen, el pueblo en el que viviera muchos años Geral Brenan, ya ha llegado el turismo. Bérchules es el final del trayecto.
Los viajeros se pillan un departamento en una pequeña urbanización en lo alto del pueblo, desde cuya terraza se contempla el valle entre montañas que baja de las fuentes del río Guadalfeo que acabará muriendo en Salobreña luego de sestear entre Sierra Nevada y la Contraviesa hacia el oeste, y luego hacia el sur. En este valle las gentes viven de las huertas que riegan las acequias que toman el agua arriba, casi en las cumbres. Se cultivan judías verdes y tomates cherry, y no faltan los árboles frutales: castaños, nogales, cerezos, manzanos, perales, melocotoneros, morales, ciruelos...
El balcón se abre al sur, abajo Bérchules, a la derecha Alcútar en la ladera del Peñabón, a la izquierda las de Cerro Gordo, al frente el cauce del Guadalfeo y Cádiar. Al fondo la Contraviesa y a la espalda las fuentes de los torrentes que discurren por las laderas de montañas que rondan los tres mil metros. Aún, agosto mediados, se puede ver el último pozo de nieve.
El tiempo cambia mucho en esta ladera sur de Sierra Nevada, y lo mismo un día se puede ver el cielo completamente sereno, que otro día, sólo una cúpula azul sobre un anillo de nubes. Al atardecer la niebla lo cubre todo.
Los viajeros pasan sus horas entre paseos en coche y paseos andando, con algunos ratos de descanso contemplando el panorama desde el balcón.
El primer día, andando por un camino, se toparon con una plantación de judías tan verde y tan espesa de lo más sorprendente. El hortelano les hizo pasar por entre los arcos y columnas verdes:
-Coged las que queráis.

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