lunes, 1 de diciembre de 2014

El mundo del alma

   El alma es, en sus orígenes, en las religiones primitivas, una parte del Espíritu del mundo, que trasciende el espacio y el tiempo. Todo tiene un alma que anima cualquier existencia. Sin alma no hay existencia.
   Luego de milenios de animismo casi universal, con sus profetas, santos y héroes, hoy en día cada vez son más los hombres y las mujeres que ignoran casi todo del alma.
   La filosofía dominante es el materialismo científico que cambia alma por genes. Allá donde había un alma que se elevaba hasta el éxtasis hay unos genes ciegos y egoístas, presos del tiempo, que se esconden en lo más íntimo de la materia.
   En realidad, animismo y materialismo han hecho su recorrido paralelo, las más de las veces antagónico, a lo largo de los días de la Historia.
   Virtud y vicio no como consecuencia de una buena o mala educación del alma, sino como consecuencia de unos genes benéficos o maléficos.
   A merced de los genes, el ser humano se ensimisma y no siente más que las pulsiones de su ser biológico sin preguntarse si realmente la vida es una lucha a muerte como defienden los darwinistas o, regida por el alma, un amor a vida.


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