lunes, 28 de septiembre de 2009

Música en Madrid

Madrid me anima mucho, es la ciudad de mi juventud y mi primera madurez, es mi ciudad aunque no viva en ella.
Me alejé de ella durante una década y cambió. Madrid siempre cambia y siempre conserva la misma alma acogedora y benéfica.
El aprendiz va con su compañera de las dos almas a ver un expéctaculo a la Gran Via.
Ambos son estetas, ella muchísimo más sin ninguna duda.
Luego de sus chupadas rituales entran en el Coliseo y se sientan en la quita fila de la platea lateral derecha; justo en el momento que apagan las luces.
Para decir la verdad, el aprendiz, conocer, lo que se dice conocer, no conoce a ninguno de los artistas que se anuncian. Le suena Lebrijano y la hija de sus tan escuchados Lole y Manuel. Ha leido que también va en el cartel un sobrino del del pueblo del Gramático y una Aurora Galván que no sabe muy bien de que le suena.
Un pianista se arranca del alma una canción triste, mientras una bailarina con un bodi negro exhibe su musculatura.
El pianista tiene gran recorrido, toca de memoria e improvisa, pasa de un estilo a otro, del clásico al flamenco, del flamenco a soul. Poco a poco van entrando los artistas. El que toca el bajo tiene una melena blanca preciosa y lo ilumina un gran chorro de luz. Toca bien, mejor que bien, también improvisa. Música fresca y original de buen venero. El percusionista entra suave, casi que no esperas que ocurra nada, pero cuando más tranquilo estás marca unos golpes tan armónicos y tan potentes que te despiertan las neuronas.
Siendo sinceros tanto el pianista como el bajo y el percusionista me parecen maestros de primer orden, sinceros, auténticos profesionales. Los tres ofrecen al buen melómano ocasión de momentos de disfrute divinos. No todo el tiempo, es verdad, sólo en pequeños flash.
¡Artistas! ¡Monstruos! ¡Genios!
Luego aparece una muchacha delgada, más tímida que una gacela, temblando, con la garganta en pus. al aprendiz le hubiese gustado gritarle ¡Viva la mare que te parió! ¡Y viva tu pare! Pero Alba Molina no tiene su día. Aún y así canta y eso la honra como lo que ya es, una profesional.
El Lebrijano da la espantá, pero no sé si lo he oido de él o de otro, este tío canta bien aunque cante malamente. Ese chorro de voz con más de setenta años, eso no lo tienen ni tres tenores juntos, permítasele al aprendiz exagerar. El Lebrijano me pega como el Curro Romero de los cantaores.
Podían haber aprovechado el día ciezo del Lebrijano y la afonía de Alba para haber dado algo más de escenario a los Mellis, los quillitos que dan palmas y hacen coros. Tienen el sentido del ritmo en los tuétanos y unas voces de una frescura, una sensibilidad y un temple dignos de resaltar. Si tienen la oportunidad, darán ruido.
La orquesta de Andalucía no es sólo un contrapunto o un resalte al espectáculo de los solistas, es de por sí una presencia fundamental en él. Su repertorio es de una singularidad digna de repetirse por todos lados. Transmiten entusiasmo, rompen moldes, derriban fronteras. Esta orquesta merecería actuar en los más grandes teatros del mundo. Orquesta de solera.

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