lunes, 28 de septiembre de 2009

Esto del internet es frenético, me pongo a editar la entrada cuando me encuentro en la pantalla con un anuncio del espectáculo del que está hablando el aprendiz.
La bailarina, ah, la bailarina, Pastora Galván. Cuando se quita el bodi y se pone un traje de cuatro volantes blanco lo que antes era pura fuerza ahora es pura sensibilidad. No se atiene a escuela, pero no hay un solo paso en desequilibrio. En el momento con más ángel de su actuación uno no sabe si está viendo bailar a una mujer o al mundo que gira y gira.
Hubo cosas que pudieron haberse hecho mejor, por ejemplo la iluminación y los decorados. No es que fueran malas, pero podían haber sido algo más creativos los eléctricos.
La conexión de los profesionales con el público podía haber dado muchísimo más juego, y ese es un fallo de los organizadores que se han olvidado de una buena clac.
Tuvo que ser el aprendíz el que inició entre el público un último aplauso flamenco que los artistas no supieron valorar como lo que era: la petición de un bis.

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