Hay días que pasan como grajos a ras del suelo.
Días anodinos, mortecinos, en la molicie.
Dormida el alma, la mente tonta. Un leve anhelo.
Días sin flores y sin frutos. Nada que propicie.
Tras la ventana el tiempo pasa sin detenerse.
Vanas distracciones para matar las horas muertas.
Suspiros de la vida, a un hilo para romperse.
Ni frío ni calor. Ni miel ni acíbar. Sin alertas.
Sin alegría ni tristeza vuelan las horas horras.
Sin risas ni lágrimas, las horas imperturbables
flotan en un vacío, en el que todo lo borras.
- Pasa nada, pero necesito que me socorras.
- Ya te enseñé a vivir los destinos inevitables.
- No mates tan rápido, no hace falta que corras.

No hay comentarios:
Publicar un comentario