Deja que la tristeza corra por el tuétano de tus huesos.
Deja que vaya y venga por cada uno de tus nervios.
Que fluya por arterias y venas hasta tu corazón.
Déjala que ocupe todas las células de tu cuerpo.
Deja que se pose en tu mente como en un nido.
Empápala con tus lágrimas y tus sudores.
Déjala tranquila, que ella es la sierva que mejor limpia.
Ámala como amas a tus padres y a tus hijos.
Deja que la nostalgia y la pena la acompañen.
La tristeza es medicina para el alma herida,
bálsamo misterioso que todo los males cura.
Y cuando se vaya, besa su frente de hada como adiós.

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