La voluntad de Dios solo se hace cuando la voluntad humana se extingue. La voluntad humana más generosa y desinteresada es solo una sombra de la Luz de la Realidad Divina. La renuncia a los frutos de la acción es la última renuncia, la que abre la puerta de la liberación. Imagina un cielo todo cubierto de nubes, imagina cómo se van disolviendo y cómo cada vez se ven más claros de azul. Imagina que todas las nubes han desaparecido y el cielo es la única realidad. Las nubes son el ego, creciente en los ignorantes y menguante en los buscadores de la Verdad. Cuando el ego desaparece totalmente los buscadores alcanzan el nirvana.

No hay comentarios:
Publicar un comentario