Supe de la armonía de los mundos
en la unidad. Y de la perfección
absoluta del todo y de sus partes.
Estaba lleno de entusiasmo.
Nunca había sentido tanta alegría.
El Universo eran todos los mundos,
sin que el tiempo y el espacio velaran
su verdadera y auténtica faz:
única y múltiple, misma y distinta.
Nada falta y nada sobra. Es todo
y es nada. Es tú, es él y soy yo.

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