En una casa grande de labranza,
donde antes de andar ya gateaba
por el tronco del naranjo de un patio
empedrado que olía a jazmín y a nardo,
diez años de mi vida se pasaron.
Casa, calle, escuela, pueblo y campo.
El tiempo para jugar con amigos
y el tiempo para pensar solitario.
El tiempo para ayudar a los padres
y el tiempo de escuchar a los abuelos.
Carnaval, Semana Santa, y Feria.
Máscaras, procesiones y tiovivos.
Y en las noches de veranos ardientes
olores de paja y de cagajones.
Dormirse contemplando las estrellas
palpitar desde el lecho de la era.
Las primeras lluvias y las postreras
corriendo calle abajo hasta el arroyo.
Primaveras de lagunas que al alba
reflejaban a un sol niño en pañales
rosas, que emanaba rayos de luz.

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