Nunca la tarde fue tan plácida.
Da el almendro sus frutos
y el granado, sus flores.
La brisa tempera el ambiente.
Sin nubes el cielo está blanco.
Flotan bajos espíritus de sombra
Mi alma suspira cansada
de luchar contra los fantasmas
del nihilismo.
El día se suicida lentamente
triste y silente.

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