Fenecen a cada instante
universos incontables,
que en el alma del poeta
pozos de nostalgia dejan.
En el arrobo del éxtasis,
en el corazón del místico
lo que murió resucita,
más vivo aún, y más bello.
La vida no tiene tiempo
ni tiene tiempo la muerte.
Lo que pasa no es el tiempo
es la vida y es la muerte.
Yérguete como un cedro
antes de que el hacha o el rayo
te conviertan en leña para el fuego
o esculpa el escultor el rostro amado.

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