He asistido a muchas manifestaciones en mi vida. Desde mediados de los setenta cuando éramos cuatro gatos los que corríamos delante de los grises. Aquello era pura emoción. Varios días antes ya se tenía previsto cuántas personas y donde se iba a dar el primer salto a la calle. Cuando se lograba juntar un grupo de medio centenar de personas ya era un éxito. No se solía pasar de ahí, porque al momento los hombres de gris tiraban de gases lacrimógenos y pelotas de goma y todo se iba en nerviosas carreras buscando las bocas del metro con el corazón a doscientas pulsaciones por minuto. Se solía tener previsto el sitio en el que reunirse luego de la desbandada, para contarnos unos a otros, jadeantes y aún acobardados, los palos que nos habían dado o los palos que habíamos evitado.
La primera gran manifestación legal en Madrid fue la que se convocó en rechazo del asesinato político de cinco abogados laboralistas. La gente se apretaba como en latas de sardinas por el Paseo de Prado y la calle Génova. Momentos de absoluto silencio junto a momentos de murmullos y momentos de gritos. VOSOTROS FASCISTAS SOIS LOS TERRORISTAS... LIBERTAD LIBERTAD LIBERTAD…En el fondo de la tristeza colectiva germinaba una semilla de esperanza.
Las marchas a Torrejón en contra del ingreso de España en la OTAN, cada año más numerosas eran ya más parecidas a una romería. La gente comía, bebía, fumaba y charlaba entre gritos de OTAN NO. BASES FUERA. Marchas alegres de personas que se reencuentran. Risas y chanzas. Cuando las marchas pasaron a ser manifestaciones en la ciudad, el número de asistentes se multiplicó por cuatro y hasta por seis. Pero muchos ya nos olíamos que la batalla estaba perdida.
La manifestación por el envenenamiento de más de 25.000 personas con trescientos muertos y miles de afectados de gravedad fue inolvidable. No he asistido a una manifestación en la que hubiera más rabia contenida. La plaza de la Beata y sus calles aledañas eran una olla a presión donde se apretaban decenas de miles de personas. Al principio un silencio sobrecogedor, luego murmullos, más tarde un clamor inarticulado. Hasta que una mujer primero y un hombre después comenzaron a gritar GOBIERNO ASESINO. Una y otra vez hasta enronquecer.
Las manifestaciones en contra de la guerra de Irak las viví en Palma de Mallorca. La más grande fue única. Ni una sola pancarta ni un solo símbolo partidista. Miles de personas desde la Plaza de España hasta el Parque de la Mar o acaso fuera a otro parque. Silencio de procesión de Semana Santa. Jóvenes, mujeres, viejos, parejas con niños en carrito, gente de los pueblos sobrecogida por la multitud pacífica y ordenada.
Este recuerdo viene a cuento porque ayer estuve en la última manifestación. Convoca una organización multinacional. Digamos que para poner freno al cambio climático que amenaza con destruir los equilibrios naturales del planeta Tierra. En teoría era una organización de jóvenes que invitaba al resto de la personas a unirse a ellos en sus denuncias. Desde Atocha a la puerta del Sol subiendo por el carril central del Paseo del Prado hasta Cibeles y subiendo por la calle Alcalá. A la hora en punto prevista para la salida de la marcha, espero en un lateral del Paseo del Prado a que se forme la cabeza de la manifestación. Estoy rodeado de gente con cartelitos de cartón con frases, la mayoría repetidas. Grupos dispersos. Me meto en el carril central. Esperando la salida varios coches de policía normal y corriente, nada de antidisturbios, y cámaras de televisión. La cola de gente esperando entrar en el Museo del Prado es larga y muy numerosa. Por fin se forma una cabecera con una pancarta en inglés y una animadora que también grita consignas en inglés. El seguimiento es mínimo. La mayoría de la gente no entiende y sigue enarbolando sus carteles sin mucho entusiasmo. La gente no marcha apretada, sino espaciada, en pequeños grupos separados. Conforme avanza la multitud los grupos se hacen un poco más grandes. Mucha gente mirando. De vez en cuando pequeñas bandas de tambores que animan el gélido ambiente. Todo muy desangelado, como piezas de un puzzle sin componer. Alguien me dice que es una manifestación con el fin de que la gente presione en favor del cambio de la energía del petróleo por la energía de la electricidad. Curioso que hoy los periódicos de la "derecha" o no recojan la noticia de la manifestación o la recojan como algo sin importancia, mientras los de "izquierda" la recojan como noticia principal.
Yo esperaba un discurso que fuera al fondo de la errónea política ecológica mundial, que pusiera de relieve la importancia de entender la Tierra como un todo y las consecuencias que las políticas agrícolas, ganaderas e industriales sobre el conjunto del medio ambiente. Esperaba un discurso alternativo, pero de momento solo un sentimiento difuso de miedo al futuro y poco más.
sábado, 28 de septiembre de 2019
Manifestaciones de masas en España. De las primeras a la última.
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