martes, 22 de enero de 2019

Si el destino está en los genes, la libertad es un mito.

   Hay momentos en los que pensamos el mundo como un misterio indescifrable. Momentos en los que nos sentimos ignorantes en grado superlativo. Pensamos que de nada sirve el conocimiento, que de cada respuesta surgen cien preguntas nuevas. En la inextricable complejidad del mundo en el que vivimos hay momentos en los que nos sentimos absolutamente inermes, sin capacidad alguna de cambiar nada. Y tenemos la tentación de dejarnos llevar, de abandonarnos a lo que venga, sea lo que sea lo que venga.
   Somos tentados para que aceptemos que nada podemos hacer por cambiar nada, que somos esclavos de los genes y que la vida humana no es distinta de la vida de cualquier otro animal. Los seres humanos que tienen mejores genes son los que mejor viven y no hay más. La ética y la moral no son más que subterfugios, maneras en que los fuertes han dominado a los débiles por ley de vida. Tentados de aceptar que ser bueno o malo, virtuoso o vicioso, veraz o embustero no depende de nosotros, sino de nuestros genes, o de nuestro destino grabado en los agujeros negros.
   Los modernos diablos nos dicen que la libertad es un mito, que nadie escapa a sus genes o a su destino, que nacer pobre o rico es una pura casualidad, que nadie elige, que todo le es impuesto. ¿Libertad? Todo está predestinado. ¿O acaso pudiste elegir ser tonto o listo, guapo o feo, alto o bajo, valiente o miedoso? Por más vueltas que le des no encontrarás ninguna salida, porque no hay salida. Nadie puede escapar del mundo que le ha tocado vivir. Debes renunciar a esa absurda idea. La libertad no existe más que en tu mente.
   Toda la vida es un puro azar. Los genes se organizan y disponen de una manera precisa y reaccionan de una manera precisa. No son más que máquinas biológicas programadas por el azar. No puedes escapar del miedo, de las dudas, de la insatisfacción, de las preocupaciones por el futuro y de las heridas del pasado. No hay hacía donde escapar. Las religiones son todas falsas, no hay ningún dios, ningún camino. La felicidad y la alegría no dependen de tu voluntad. El sufrimiento tiene su origen en los genes y no hay sendero que lleve a su extinción.
 
 
 
 
 
 

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