Normalmente se suele asociar al místico con el apartamiento del mundo. El místico sería una especie de ser humano que se aleja del devenir del mundo de los sentidos para instalarse en un mundo más allá del mundo convencional. El místico sería una persona que viviría en otra realidad.
Esta concepción del místico es parcial. En realidad el místico es más realista que las personas normales. Y lo es en tanto que su consciencia es más abarcadora, lo que quiere decir que a su visión de la realidad consensuada añade la visión de otra realidad que es el sustrato de aquella.
El místico ha explorado las raíces del bien y del mal. Sabe que el origen del mal es la consciencia separadora y limitada y el del bien la consciencia integradora y sin límites. La frontera que separa al ser humano normal y al místico es el yo del uno y del otro. El yo del primero es cerrado, el del segundo es abierto.
A efectos prácticos, el ser humano normal hace el bien o hace el mal indistintamente y no siempre sabe cuando hace el mal y cuando le hacen el mal hasta que el mal se ha hecho, y lo mismo le pasa con el bien. Cuando a un bien hecho por un humano otro humano responde con un mal o con la falta de reconocimiento, agradecimiento y correspondencia, el que hace el bien recibe un daño del que por él ha recibido un alivio. Un humano normal si le hacen esto puede pensar que hacer un favor a un malo es hacerse daño a sí mismo.
El místico conoce, por una facultad adquirida en su proceso de toma de consciencia, de la integración profunda de fondo y forma, de esencia y existencia, de alma y cuerpo, de espíritu y materia, de sustancia y accidentes. El místico no ignora ni el mal ni el bien en el mundo. Los místicos poco adelantados, cuando reciben un mal inmerecido aún sienten rechazo y una cierta rebeldía ante ello, pero el místico completo permanece inalterable, imperturbable.
La persona normal no ve en el mal más que mal y en el bien más que bien, pero el místico es capaz de ver el bien que hay en el mal y el mal que hay en el bien. Para el místico el bien y el mal no son más que dos caras de una misma realidad en permanente cambio. El místico no se coloca fuera de la realidad sino que se coloca dentro de ella y al mismo tiempo se separa de ella para tener mejor perspectiva.
Para el místico la vida no es sólo la vida de un animal singular que se mueve, siente, piensa y sueña. El místico además accede a la contemplación de otros mundos que inter-accionan con este mundo. Puede traer de esos otros mundos facultades muy poderosas. Pero de los secretos no se habla sino dejarían de ser secretos.
Siempre ha habido seres humanos interesados en los misterios de la mística, pero ninguno que haya albergado sentimientos egoístas ha logrado dar un sólo paso en la senda del aprendiz. El místico ha seguido una senda en la que ha ido dejando todas las máscaras y ropajes de su yo. Lo han difamado, lo han calumniado, se han apoderado de sus logros, lo han traicionado, lo han humillado, lo han vejado, lo han engañado… Es así como ha llegado a quedarse sin el yo parcial y separador.
Podría parecer un camino demasiado largo y demasiado difícil, pero no es ni más ni menos que como un parto. Una vez que la mujer tiene a su hijo, se olvida de los dolores que ha pasado para tenerlo.
viernes, 29 de diciembre de 2017
Misticismo y realismo
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