martes, 28 de noviembre de 2017

Meditación sobre el martirio de los santos sufíes del Sinaí

A rebosar estaba la Taberna, y los santos embriagados del vino divino.
La ira y la envidia en el corazón de cuarenta locos endemoniados.
Los santos gozaban de amor y de luz en lo más hondo de sus almas.
En la boca de los locos, la amargura y el hedor de sus sucias entrañas.
Las manos abiertas implorando la misericordia de Alá para este mundo.
Los puños cerrados, ardiendo de rabia y de odio los locos aullando.
Y la melodía que cantaban los santos se apagó de pronto. Silencio absoluto.
Trescientos y más mártires, entre ellos tres docenas de niños puros.
¡Si supieran los asesinos las consecuencias de su malvada locura!
Los sufíes no dejaban de repetir que matar no hace mártir al que mata.
Los guerreros los odiaban por hacer más adeptos para la paz que ellos para la guerra.
Cada mártir es una semilla de luz para una humanidad a oscuras.
¿O acaso los sufíes del Sinaí no han sido mártires de la paz?
No han pasado aún tres días y el negro velo del olvido ha cubierto a los santos.
Buscadores de belleza, de verdad, de alegría, de entusiasmo, de universalidad.






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