El que cree no sabe; el que sabe no cree. Pero, ¿cómo se sabe que se sabe?, ¿cómo se cree que se cree?
El humano trata de explicar el mundo con palabras, pero las palabras acaban en un océano sin orillas.
¿Cómo transmitir entonces la sabiduría?
Silencio. La mente divaga, déjala que divague, déjala que se canse de hacer de Sísifo, pero no la animes a seguir subiendo y bajando siempre la misma piedra. Cuando se canse, entonces el silencio aparecerá como un pitido en el oído.
Dicen que se puede alcanzar el satori en un día, pero no es verdad, el satori se alcanza en un momento. Entonces no eres nada más que una mente que contempla su propio vacío. Lo que pasa es que ese vacío a lo mejor no está tan vacío, a lo mejor en él aparecen otros mundos con otros vivos y otros muertos, con otros cuerpos y otras almas. O puede que sólo alcances un estado de tranquilidad y de paz que te aleje por un rato de los excesos de la mente.
sábado, 20 de mayo de 2017
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