Seca, el alma, como una piedra negra del desierto.
El corazón, seco, como los huesos al sol de un perro
muerto. Seca, la mente, como rosa de cementerio.
El alma, que vivía feliz en las fuentes del sueño.
El corazón, que anhelante de amor latía en el pecho.
La mente, que era un fresco jardín de hermosos pensamientos.
sábado, 11 de febrero de 2017
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