He amado las bellezas del mundo,
las divinas y las humanas,
y por ellas fui correspondido.
Los fieros huracanes y las traidoras calmas.
Las auroras doradas y los ocasos violetas.
El Sol y la luna con nimbos argentinos.
Las estrellas de fulgores inmaculados.
Los cielos de leche y de carbón.
Los mares de miel y de naranja.
La Séptima del Sordo.
La mezquita de Cordoba.
El sepulcro de los Médicis.
La ciudad entera de san Francisco.
Venecia entre dos luces.
El fresco de la liberación de san Pedro.
El crucificado de Goya.
Las Cuatro Estaciones de Vivaldi.
La plaza y la catedral de Santiago de Compostela.
Las nieves derretidas en sonoras cascadas.
Mariposas negras y libélulas rojas.
Flores de higuera y frutos de albaricoque.
Dátiles, almendras, fresas y frambuesas.
Una noche en la falla de san Andrés,
sin luna y sin estrellas, frente al Pacífico.
Una bandada de águilas bajando en espiral,
como si fueran ángeles,
al caer la tarde en la honda Andalucía.
La tormenta de junio que deja la azotea
limpia y brillante en la casa de la isla.
La mujer deseada en el nido del corazón.
La mujer amada: amante, compañera y señora.
El amor cumplido.
Las cimas de las montañas con el amigo Espíritu de Águila.
Los libros de Jung y los de Ben Arabí.
El Mahabharata, el Ramayana, los Upanisahs,
la Biblia, el Corán y los Vedas.
La vida permanente en cada hálito.
La risa que brota de los corazones puros.
Sobriedad y embriaguez. Valentía y miedo.
Jardínes, bosques, selvas, páramos y estepas.
Las películas de Fellini y las de Kurosawa.
Los hombres y mujeres de todos los colores.
Las montañas, las cuevas, las simas, las calas...
Las bellezas de este mundo me han amado.
La Séptima del Sordo.
La mezquita de Cordoba.
El sepulcro de los Médicis.
La ciudad entera de san Francisco.
Venecia entre dos luces.
El fresco de la liberación de san Pedro.
El crucificado de Goya.
Las Cuatro Estaciones de Vivaldi.
La plaza y la catedral de Santiago de Compostela.
Las nieves derretidas en sonoras cascadas.
Mariposas negras y libélulas rojas.
Flores de higuera y frutos de albaricoque.
Dátiles, almendras, fresas y frambuesas.
Una noche en la falla de san Andrés,
sin luna y sin estrellas, frente al Pacífico.
Una bandada de águilas bajando en espiral,
como si fueran ángeles,
al caer la tarde en la honda Andalucía.
La tormenta de junio que deja la azotea
limpia y brillante en la casa de la isla.
La mujer deseada en el nido del corazón.
La mujer amada: amante, compañera y señora.
El amor cumplido.
Las cimas de las montañas con el amigo Espíritu de Águila.
Los libros de Jung y los de Ben Arabí.
El Mahabharata, el Ramayana, los Upanisahs,
la Biblia, el Corán y los Vedas.
La vida permanente en cada hálito.
La risa que brota de los corazones puros.
Sobriedad y embriaguez. Valentía y miedo.
Jardínes, bosques, selvas, páramos y estepas.
Las películas de Fellini y las de Kurosawa.
Los hombres y mujeres de todos los colores.
Las montañas, las cuevas, las simas, las calas...
Las bellezas de este mundo me han amado.

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