No es una elucubración mental, es una verdad constatable. Un niño hasta que no ha adquirido consciencia de sí mismo, mientras aún no tiene yo, no sufre. Donde no hay consciencia del yo no hay sufrimiento, ni dolor, ni preocupación ninguna, no hay ni memoria ni olvido, hay sólo vida inconsciente.Un bebé con un cólico llora y berrea, pero como respuesta instintiva. Llora y berrea hasta enronquecer, pero sin sentimiento alguno de dolor ni de sufrimiento.
Todas las religiones, hasta las más primitivas, tratan de eliminar el ego. Parecería que el humano, habría de pasar de la inconsciencia a la consciencia y de la consciencia a llamémosle la trans-consciencia. ¿Sería por eso que Jesús dijo que si no nos hacíamos otra vez como niños no entraríamos en el reino de los cielos?
El ego es un construcción mental y emocional que los humanos utilizan para diferenciarse unos de otros en algo más que en el cuerpo. El yo se mueve, siente, piensa y sueña como centro del mundo. El mundo en el que el yo vive es un mundo que él mismo ha creado conforme ha querido y ha podido.
Aunque todavía haya pensadores que se escandalicen, el mundo del yo no es la realidad. La realidad trasciende el yo, el yo nunca puede comprender la realidad, porque sencillamente, es la realidad la que contiene al yo y no el yo el que contiene a la realidad.
La realidad con todas sus dimensiones no puede ser comprendida por la lógica humana. Es como querer meter toda el agua del mar en un cubo. De todo punto imposible. Desde ninguna de las ciencias lógicas podemos aspirar a comprender la realidad.
Cuanto más complejo es el yo, como producto de movimientos, pensamientos, sentimientos y sueños cada vez más elaborados, más cerca está de un punto axial, de un momento en el que el yo debe hacer una elección. Llegado a este punto, al yo sólo se le ofrecen dos caminos, o volver para atrás en dirección a la inconsciencia, o desaparecer para reaparecer en la trans-consciencia, con un potencial que trasciende la lógica.
Los humanos que alcanzan este punto axial en sus vidas y que vuelven para atrás, suelen ser víctimas de demencias seniles, de graves depresiones, de olvidos completos del mundo. Los que en el mismo punto axial se dan cuenta de que el yo en realidad no existe separado de otro Yo que lo abarca todo, abandonan su yo como el que abandona un caparazón y se lanzan al descubrimiento de la realidad que con el yo lógico no pueden descubrir.
Los humanos que trascienden sus estrechos egos alcanzan a vivir con más serenidad, con más bondad, con más empatía, con más amor, con más confianza, con más esperanza, con más armonía, con más paz. No es que no sufran estos humanos, que sí sufren, pero su sufrimiento es mucho menor, y cuando sufren nunca dejan de comprender cual es el origen de ese sufrimiento.
Mientras tanto, la mayoría de los seres humanos hacen crecer sus egos con movimientos, pensamientos, sentimientos y sueños de poder. Más producción, más información, más sentimentalismo, más pesadillas. Los humanos están usando el planeta como si el planeta fuese de ellos y no ellos del planeta. Las injusticias no tienen más raíz que el egoísmo.
Hasta que una masa crítica de humanos sobre la Tierra no alcancen a superar la fase egoísta, la Humanidad seguirá amenazada por la guerra, el terrorismo, la xenofobia, el racismo, el nacionalismo, el autoritarismo, las dictaduras y las luchas de sexos.
sábado, 7 de enero de 2017
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