miércoles, 2 de noviembre de 2016

Oscura humanidad en la esperanza de la luz

   Siento el rugido de la humanidad. El rugido de espanto de un animal enloquecido. Ricos y pobres, poderosos y desposeídos, famosos e ignorados, sabios es ignorantes, bellos y feos, torpes y hábiles,
virtuosos y viciosos, pacíficos  y asesinos, santos e hipócritas, perdonadores y vengativos, ruines y magnánimos…. El más fiero de los rugidos del más fiero de los animales. Es la Humanidad suma de hombres y mujeres de todos los colores y de todos los credos, civilizados y salvajes, niños y ancianos.
La Humanidad es la especie animal más cruel. Tiempos viejos de guerras y hambres, de razas y castas, de amos y esclavos, de señores y siervos,
 
   No sobrepasa la inteligencia de la Humanidad al instinto de la Animalidad. Apenas es la razón humana una imprecisa sombra de la providencia de la Totalidad. La soberbia de los hombres no tiene límites. Una especie más loca que cuerda.
   Pudiendo vivirse en perpetua paz se vive en permanentes guerras, pudiendo vivirse en sosegadas ocupaciones útiles se vive en ansiosos trabajos inútiles.
    Apenas se comprende un único pronombre, yo, como si yo no fuera tú para otro yo, como si yo y tú no fueran él para otros tus y otros yos. Nosotros somos vosotros para vosotros y ellos son nosotros y vosotros. Todos somos todos los pronombres.
   Por eso tenía Jesús razón cuando en la cruz pedía a Dios perdón para los que lo mataban porque no sabían lo que hacían. La ignorancia es la semilla de todos los errores y de todos los vicios. Y el egoísmo es la raíz de todas las ignorancias.
 
   

   
 
 

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