domingo, 16 de octubre de 2016

Humboldt, Goethe y Napoleón.

   Humboldt suena muy poco. Tan poco que apenas es un eco lejano en los estudios de los profesores y profesoras de instituto. La burocracia y los malos programas de estudios  han convertido a mucha parte de ellos y ellas en meros reproductores de la ideología dominante Humboldt no entra en los planes.
   Humboldt es el primer hombre que pensó en la Tierra como un todo, el primero que se dio cuenta que   ningún organismo, ni ningún suceso, podían ser comprendidos si no se estudiaban sus relaciones con los organismos y sucesos que lo rodeaban. El abuelo de la Ecología oculto entre las brumas de la Historia.
   Humboldt aunó en su persona al filósofo y al científico, al aventurero y al poeta; niño viejo y viejo niño, cercano a todos, anti-esclavista y demócrata. Sus viajes al Orinoco o al Asia Central como explorador no son tan importantes en su vida como los conocimientos sobre el mundo que adquirió en ellos.
   Hombre tan sociable como reflexivo, fue amigo de los hombres y mujeres más sabios de su tiempo, entre ellos Goethe y Jefferson. Recorrió todos los lugares de Europa donde se reunían los nuevos científicos y filósofos de su tiempo, finales del siglo XVIII y principios del XIX. Ni se casó ni tuvo hijos. Sus escritos son extensos y variados. Una mina olvidada de observaciones sobre los temas más diversos.
   A Humboldt siempre hay que imaginarlo cargando cajas y sacos de plantas, de rocas, de instrumentos de trabajo, charlando a grandes voces con sus compañeros de viaje, sus amigos más íntimos. Es difícil imaginar un hombre más representativo de la modernidad en todos sus planos. Darwin, muy inferior a él en capacidades y conocimientos le acabó robando casi por completo su importancia  en la historia. Darwin era más del gusto de los nuevos poderosos del mundo.

   Goethe fue el alemán más conocido de su tiempo, en un tiempo en el que la libertad que se concedía a los intelectuales  en los pequeños principados y ducados independientes de la actual Alemania, dio como fruto decenas de artistas, músicos, científicos y filósofos de primer nivel: Herder, Scheling, Fichte, Schiller, Hegel, Mozart, Beethoven…
   Aciertan los que hablan de él como de un romántico y también aciertan los que dicen que es un clásico. Es imposible encontrar una personalidad más contradictoria ni el el siglo XVIII ni en el sigloXIX. Aunque su origen no era ni noble ni aristocrático logró en vida ser ejemplo de nobles y aristócratas.
   La vida, tanto más que la obra literaria de este hombre, es apasionante. No hubo filosofía, ciencia o arte en el que no hubiese hecho incursiones. La suerte de Goethe fue conocer al duque Carlos Augusto de Sajonia, Weimar y Eisenach. El duque había sido educado en las ideas de Rousseau y tenido como preceptores a hombres muy sabios, pero su amistad con Goethe fue muy superior a ninguna otra. Eran tan camaradas que hasta compartían amantes.
   Su amigo el duque, con el que lo mismo cazaba animales que mujeres, lo añadió a su Consejo y Goethe pudo hacer mientras él vivió, todo lo que quiso en todos los ámbitos de la política, la economía y la cultura del pequeño, pero próspero estado. Junto a Humboldt explotó nuevas minas con métodos muy novedosos y eficaces, lo que paró en grandes beneficios para el ducado que acabaría convirtiéndose en gran ducado.
   Luego puso en orden las finanzas del duque y más tarde las del Estado, La mayor eficacia se derivaba casi siempre de sus actuaciones en los más diversos campos en los que trabajó. Goethe tenía unas extraordinarias dotes de mando porque conseguía entusiasmar a todos en sus proyectos por difíciles que parecieran.
   Al tiempo era un impenitente amador de damas, un adolescente esclavo de sus pulsiones libidinosas. Podía mantener con toda tranquilidad varias relaciones al mismo tiempo. Al final siempre huía de ellas, porque ninguna acababa de rendirlo plenamente. Aunque se casó y tuvo hijos ya bastante mayor, siguió persiguiendo gacelas por los salones y los campos de Sajonia.
   Como escritor fue tan proteico como proteica fue su vida. Tenía su propia compañía de teatro y vigilaba hasta la última línea de todos los libros que editaba, siendo famosas sus peleas con su editor por los beneficios de sus obras. El Wilhem Meister, el Werther, el Fausto o sus libros de memorias se vendieron por toda Europa.
   Como su amigo Humboldt, apenas dormía cuatro horas diarias, las otras veinte eran presa de su hiperactividad. Sus viajes por Alemania, por Suiza, por Francia o por Italia son un ejemplo de viajes en busca de nuevos conocimientos y experiencias. Su curiosidad era inmensa y sus estudios fueron tan extensos como intensos.
   Con todos sus éxitos, de lo más orgulloso  que estaba Goethe era de dos de sus fracasos, de sus poco reconocidos estudios sobre la luz y sobre la poesía mística del iraní al-Jilani.
   Hombre de muchos tiempos, tal vez demasiado cínico para ser tomado como ejemplo, pero ejemplar como hombre de vida romántica y clásica al mismo tiempo.

   Sobre Napoleón Bonaparte se han escrito miles de libros. Una parte desde la admiración, otra desde el rechazo y una tercera desde la voluntad de objetividad. Cada lector puede hacer su composición con los millones de páginas que sobre él han versado.  No engaño a nadie si digo que mi visión es claramente negativa dado  que mi óptica es radicalmente pacifista. No hace falta cargar las tintas para verlo como lo vieron sus enemigos, como el ogro de Europa.
   Este hombre u ogro regó con sangre Francia, Alemania, Italia, Austria, Bélgica, Holanda, Hungría, Polonia, Rusia, España, Portugal, Egipto, Siria… sin importarle sacrificar en sesenta hecatombes que fueron el total de sus batallas a más hombres que ningún otro carnicero de la historia anterior. Las batallas de Alejandro Magno o de César no son más que minucias comparadas con las del Corso.
   De 1783 a 1815, treinta y dos años de enfrentamientos armados en la mayoría de los países de Europa. Napoleón no firmaba acuerdos de paz, y si los firmaba los violaba cuando le interesaba. Cuando la gente oye hablar de Marengo, de Wagram, de Austerlitz, de Waterloo o de Bailén se  imagina a un generalito de plomo dirigiendo soldaditos de plomo, pero en las mentadas batallas decenas de miles de hombres eran reventados por las bombas, pisoteados por las patas de los caballos, abiertos en canal por los sables o acribillados por las descargas de fusilería. Hombres con padres y madres, con hijos e hijas, con esposas, con amigos, en la flor de la vida.
   La idea que ha quedado en la gente culta de hoy es que Napoleón defendió los ideales de la Revolución francesa contra la monarquía y la nobleza, pero esa idea es completamente falsa. Napoleón no quería llevar a Europa por el camino de la libertad, la igualdad y la fraternidad, muy al contrario, la quería llevar a los tiempos del Imperio de Roma. Todas las naciones, en lugar de a Roma, rendirían cuentas a Francia, a París, a Napoleón, al Emperador.
   La mayoría de los franceses adoraban a Napoleón, como las mayoría de los romanos adoraban a sus emperadores más crueles. El mismo hombre que acabó con la Revolución acusando de terroristas a los revolucionarios, extendió un Terror mucho más terrible por toda Europa. Pero no hay que engañarse, Napoleón no era más que el hombre que representaba la voluntad de los franceses, que en su mayoría no sólo no eran revolucionarios sino que eran profundamente reaccionarios: serviles, castistas y egoístas. Eso era lo que había, un pueblo que a falta de grandes virtudes se regocijaba en grandes vicios.
   Napoleón Bonaparte, el ogro de Europa, ocupa un lugar en la Historia de los horrores del mundo, como precursor de los genocidas del siglo XX como Hitler y Stalin. Nadie puede negarle sus más que extraordinarias capacidades: inteligencia de genio,  capacidad de trabajo de atlas y dotes de mando de faraón. Todas ellas empleadas en aras de un imperio universal imposible. Al final, ¿para qué  sirvieron sus capacidades? ¿Para hacer de Europa un campo de batalla durante más de treinta años? El Dante hubiese tenido que inventar un infierno para él solo.
 
 
 
 
 



 

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