miércoles, 3 de agosto de 2016

En Ciudad Rodrigo

Los viajeros salen temprano de la casa y comienzan a arrastrar sus bultos en dirección al lugar en el que con mucha suerte, según ellos, han aparcado. Pero oh misterio, el coche había desaparecido. En el lugar en el que lo habían dejado había otro coche aparcado. La viajera toma móvil y en cinco minutos aclara la situación. Alguien importante ha necesitado aquel aparcamiento al lado de unos edificios oficiales y han cogido el coche de los viajeros y lo han trasladado a la otra parte del río Tormes. Revestidos de la virtud de la paciencia, vuelven a arrastrar sus bultos hasta el nuevo emplazamiento. Desde más allá del puente se despiden de Salamanca con una última mirada y toman la dirección oeste. Casi sin enterarse avistan Ciudad Rodrigo, pueblo que fuera ciudad fuerte y diócesis episcopal. Aún conserva restos de una muralla asediada y bombardeada durante centurias. Se dirigen al castillo de los Trastámara, dinastía de reyes del siglo XIV. En Carmona, Andalucía construyeron otro, magnífico, desde el que se domina gran parte del valle del río Guadalquivir. Dejan atrás una preciosa logia renacentista, un verraco atribuido a los vetones, un pueblo anterior a los romanos, y varios palacios e iglesias escondidos. El castillo es hoy parador nacional, y es un placer andar por su interior con toda libertad. Desde lo más alto de la torre caballera se domina el valle del río y las llanuras adyacentes. Un mediodía caluroso en demasía se pasa con más agrado al amparo de los muros y  los jardines del castillo austero de Ciudad Rodrigo.
   El sol calienta con rabia el pueblo. La viajera entra en una carnicería y compra un chorizo de la zona porque dicen que son muy buenos. Con las fuerzas casi intactas, se dirigen a la catedral, un templo planeado en el siglo XII y completado con la cúpula de su torre quinientos años más tarde. El estilo de construcción románico está extendido por todo el norte de la península ibérica, de Cataluña a Galicia. De la catedral vieja de Lérida a la de Santiago de Compostela, pasando por centenares de pequeñas y medianas iglesias repartidas por Cataluña, Aragón, Castilla la Vieja, León, Portugal y Galicia. Lo más singular y distinguido de los templos románicos europeos son sus pórticos, y el principal de la catedral de Ciudad Rodrigo es de los más excelsos. Lo tienen resguardado de las inclemencias del tiempo frío y lluvioso en invierno y tórrido en verano. Los viajeros se quedan con la boca abierta sin saber donde fijar su mirada en la maraña ordenada de arcos columnas capiteles y estatuas labradas. Libro de piedra en el que se puede leer la historia de los tiempos medievales. Sólo el pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela supera en España en este estilo al de la puerta de la virgen y los apóstoles de Ciudad Rodrigo. Se necesitarían días para leerlo con detalle.
   El interior de la catedral sorprende por la altura de sus finas columnas y por la sobriedad de su ornamentación. Destaca el retablo de la capilla del ábside, en cuyo centro parece flotar una imagen de la virgen María. Además está la sillería del coro, en madera labrada al estilo gótico, perfectamente completada con un órgano posterior. La capillita de la Virgen de los Ángeles atrae por su original colorido, y el claustro adyacente a la iglesia es un auténtico divertimento, con sus columnas y capiteles, con sus arcos de filigranas de piedra todos distintos.
 

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