Dostoyeski puede que sea el novelista más leído de la Historia. Tenía 16 años cuando leí "el Jugador" "Stepanchikovo" y "Crimen y Castigo". Todo lo que antes me interesaba, el amado latín y los demás estudios, pasaron al olvido. Yo ya no vivía donde vivía, ni tenía la edad que tenía. Yo era un personaje de Dosto, como le llamaba el compañero que me lo descubrió.
Pero las vueltas de la vida no me dieron ocasión de volver a leer nada del gran ruso hasta los veinte. "Los hermanos Karamázov". Lo leí por primera vez subido en un tejado contemplando el horizonte de una ancha campiña. Y al poco tiempo lo releí, sentado en un banco de un jardín. A ratos me sentía Aliosha, el hermano pequeño, a ratos Iván, el nihilista, pero con el que más sufría era con Dimitri.
Millones de lectores de esta novela universal no han olvidado ni olvidarán nunca los sentimientos y pensamientos que se originaron en ellos con su lectura. No ha habido escritor más venerado, más admirado y más amado. ¿Cómo olvidar la recreación cinematográfica de Kurosawa de "El Idiota", otra de la media docena de obras cumbre de Dostoyeski?
Adaptar para el teatro "Los hermanos Karamázov" es un gran reto, que el viejo y experto teatrero Gerardo Vera ha asumido con la pasión de un novel. Las entradas están prácticamente agotadas para todas las representaciones previstas hasta el 10 de enero. La sala está rebosante de personas mayores de cincuenta años, pero también se ven algunos más jóvenes para certificar que los dostoyeskianos no van a desaparecer.
Vera prescinde de todo lo superfluo, de escenarios y luces llamativos, porque sabe de sobra que lo que interesa de Dostoyeski son sus ideas y sus sentimientos. Las cerca de dos horas que dura la primera parte se pasan en un estado de concentración máximo. Fiodor Karamázov, el padre, interpretado por Juan Echanove, es el personaje central. Echanove, por fortuna, no es Echanove ni un segundo, es un Fiodor Karamázov en estado puro. Los hijos son actores muy poco conocidos, pero su actuación es más que notable. Tal vez la interpretación del hijo pequeño, Aliosha queda un poco por debajo. El resto de los actores no desmerecen. Las dos mujeres no sobresalen especialmente, pero no rebajan un ápice la muy buena interpretación coral.
Al cabo de las tres horas y veinte minutos, el telón se cierra y comienzan los aplausos. Cinco veces sale el elenco a saludar conducido por Echanove. Se le nota a la legua que quiere que la larga ovación se cierre con los gritos de bravo, pero por más que lo intenta no lo consigue. Hay algo en la representación que falta, ese algo que hace de Dostoyeski el más grande.
sábado, 5 de diciembre de 2015
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