jueves, 26 de febrero de 2015

Podemos en el círculo de Bellas Artes

"Podemos", como el partido de Grillo en Italia o Shyriza en Grecia, son formaciones políticas que han surgido como consecuencia del hastío de una parte muy considerable de la población de estos países de la corrupción, el enchufismo, el paro y la degradación de las condiciones laborales y de los servicios sociales. En Italia, la recuperación del empleo y la falta de programa han parado el crecimiento del partido de Grillo, pero en Grecia, las gentes de Shyriza  ya están en el gobierno.
   En España, Podemos, que no hace aún ni un año que se organizó como partido político, ha tenido una evolución de lo más curiosa. Un grupo de profesores universitarios, de convicciones marxistas, que habían trabajado para el gobierno de Venezuela, se implican en la organización de movimientos ciudadanos de protesta pacífica y cuando ven el momento, se organizan en partido político sin más principio que el de defender los derechos humanos. El resultado es una amalgama de rebeldes, oportunistas y utópicos de los orígenes más diversos.
   Las proclamas de los dirigentes  de Podemos contra la corrupción de la casta política, desde algunos medios de comunicación, son cada vez mejor acogidas entre la parte de la población que más ha sufrido la crisis, y entre la gente harta de tanta injusticia. Pero de un tiempo a esta parte, los dirigentes de Podemos han rebajado el tono de sus discursos.
   Como Podemos no tiene aún representación en el Parlamento prepara un acto en el Círculo de Bellas Artes de Madrid para que su líder, Pablo Iglesias, exponga su visión del estado de la nación. Una hora antes de la programada para el inicio del acto, ya hay una cola en espera para ocupar las quinientas plazas del salón de actos. A las siete menos veinte la cola empieza a entrar en el lujoso edificio. Cuando entran los quinientos, la cola se detiene a la espera de colocar un plasma en otra sala. Son las siete en punto cuando toda la gente que quería entrar está dentro, unas ochocientas personas. Predominan las personas mayores de cincuenta años, aunque también hay un gran contingente de jóvenes. Mujeres y hombres por un igual.
   Por fin entra Pablo Iglesias, rodeado de sus más cercanos. La gente aplaude aunque sin gran entusiasmo. Luego de un refrito de recortes de periódicos proyectados en las pantallas sale a la tribuna Pablo Iglesias. No tiene una gran apariencia física, más bien cargado de hombros, joven, pero algo avejentado, con una gran coleta, espectacular. Empieza su intervención con una voz de tono medio, tranquila pero enérgica. Suelta datos económicos sobre las injusticias sociales que el público empieza a corear con aplausos cada vez más cerrados, aunque muy poco entusiastas. Se muestra moderado hasta extremos irreconocibles. Acepta el capitalismo y afirma que los ricos son necesarios. Como alternativa a los planes económicos del gobierno, ofrece inversión en tecnología, investigación y desarrollo, en empresas verdes y con gran valor añadido. Nada que no pudiera suscribir cualquier partido reformista de derechas o de izquierdas. Ni una palabra sobre la organización política del estado, solo vagas apelaciones a un patriotismo de la gente. Ni una sola vez pronuncia su palabra fetiche, casta, ni de romper con el orden constitucional del 78.
   La gente aplaudió  pero no se entusiasmó. El discurso de Iglesias es demasiado economicista, demasiado gris. No apela a grandes valores ni propone horizontes amplios.Tiene mucho de cabeza, algo de corazón y muy poca alma. Nunca se sabe, pero este Podemos tan descafeinado no parece que pueda llegar al gobierno en las próximas elecciones de finales de año.
 

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