lunes, 1 de abril de 2013

Catolicismos

   Benedicto XVI, el papa Ratzinger, abdica aduciendo falta de fuerzas físicas y anímicas. El Cónclave de cardenales no tarda en elegir a su sustituto: Francisco I, el papa Bertoglio.
   ¿Qué está pasando en la Iglesia Católica? ¿Cuál es su mensaje hoy? Qué importancia tiene en el mundo en los tiempos que vuelan?
   Preguntas globales para analizar una institución bimilenaria que ha marcado la Historia de una quinta parte del mundo. Comparada con la influencia que tuvo en el siglo X o en el siglo XV, la influencia que la Iglesia Católica tiene hoy es mínima. Decir que hoy hay mil millones de católicos es mentir. Los católicos practicantes en países como España, en ciudades como Madrid, no llegan ni al uno por ciento siendo muy generosos. Las iglesias están cerradas y vacías y los católicos apenas las visitan unas pocas veces al año, con motivo de comuniones, bodas y funerales. Lo que diga o deje de decir el cardenal Rouco les trae al fresco.
   El mensaje evangélico que subyace en la Iglesia Católica ha sido ocultado contra el deseo de Jesús que hablaba de no esconder la luz bajo un celemín. La Iglesia oficial, de papas con zapatos rojos o zapatos negros, de cardenales rancios y curias soberbias y ostentosas, no es en absoluto un ejemplo de moralidad cristiana.
   Lo que salva a la Iglesia Católica es que aún sigue albergando en su seno a algunos pocos millones de cristianos que aún siguen bebiendo el agua limpia del espíritu de los Evangelios. Ellos no comulgan con las ruedas de molino de una jerarquía cerrada al Espíritu.
   Por lo demás, la Iglesia Católica, en sus quehaceres diarios, no tiene más poder o influencia que el que tengan, con sus obras, los católicos. La Iglesia Católica no es ni más ni menos pecadora que el resto de las instituciones humanas. Los católicos no son ni más ni menos pecadores que el resto. Lo de la Santa Iglesia es una hermosa parábola mística que se refieren más a la Comunión de los Santos que a la Banca Vaticana.
   A pesar de sus pecados y de sus dudas aún hay algunos millones de sacerdotes, monjas y seglares, dispersos por todo el mundo, que siguen predicando con sus obras la bondad infinita de Dios.

   Dios abate el corazón de los soberbios y levanta el de los humildes.

   Muchos hombres diversos. Una Humanidad única.

   El Perdón, la Misericordia y la Piedad nunca se extinguen, siempre actúan.