jueves, 7 de marzo de 2013

Noticias de España

   ¿Cómo se hubiese tomado el pueblo de los Estados Unidos que su presidente hubiese recibido como regalo de unos empresarios un yate valorado en tres mil millones de pesetas? Que lo hiciese el rey de España poco antes de entrar en el sistema monetario del euro y no hubo un solo medio de comunicación que lo tomara a mal.
   Pero el origen de la corrupción en España viene de más lejos. La dictadura franquista ya desarrollaba ese cáncer. El paso a la "democracia" se dió sin denunciarla y juzgarla. Se aceptó la política del borrón y cuenta nueva. Aunque la administración pública mejoró en sus escalones más básicos, al más alto nivel se siguieron llevando a cabo turbios negocios. Con la excusa de la descolonización del Sahara por ejemplo. Aquello más que una descolonización, apenas había colonos, fue la venta de una tierra usurpada por la fuerza a sus legítimos habitantes, que fueron expulsados a lo que no podría ser considerado más que como una reserva, por sus nuevo dueño, Marruecos. Algún día los historiadores sacarán a la luz los entresijos de aquel acuerdo por el que dos reyes, Hassan II y Juan Carlos I, se reforzaban mutuamente en el plano político. La pequeña propaganda republicana era perseguida y sus propagandistas detenidos.
   La monarquía heredada de Franco se fue imponiendo, junto a un sistema de partidos nuevos que accedieron al poder del gobierno. Puede decirse que España experimentó multitud de cambios en todos los órdenes. En treinta años, la política, la economía, la sociedad y la ideología cambiaron radicalmente.
   El desarrollo económico se basó en la avaricia; la expresión "pillar cacho" se impuso a todos los niveles. Y del rey abajo, la codicia se implantó como sistema. El dinero negro, las comisiones ocultas, la información privilegiada, el despilfarro en grado sumo, el amiguismo, el conchaveo entre el poder político y el económico. Se podrían escribir libros enteros con los sucesos de corrupción política y económica en estos años. Al final, la "Justicia", en la mayoría de los casos denunciados, unas veces por lentitud, otras por ineptitud y otras por miedo, no penó debidamente a los culpables, sino que los exoneró o declaró prescritos sus delitos.
   En los últimos años han salido presuntos prevaricadores por todos lados. Las últimas noticias hacen referencia al rey, al que se empieza a criticar en los medios de comunicación por mantener a su última amante en una residencia de lujo, muy cerca de su palacio, a costa del Estado. A su yerno se le ha imputado utilizar una ONG para amontonar millones de euros en sus cuentas corrientes. A un hijo de un antiguo presidente de Cataluña, la región más rica de España, de evadir dinero al paraíso fiscal de Andorra en billetes de quinientos euros. Exministros de los dos partidos hegemónicos, presidentes de Comunidades Autónomas, alcaldes, concejales... Hasta el presidente de la mayor organización empresarial ha tenido que dimitir por fraudes y desfalcos.
   En la vorágine de la "actualidad de España", con la monarquía muy debilitada, (¿Qué hubiese pasado en USA si Clinton hubiese tenido a una "entrañable amiga" alojada en una mansión a cuatro pasos de la Casa Blanca?), los partidos políticos cada día que pasa más aborrecidos por la opinión pública, el independentismo catalán y vasco en efervescencia, el mayor partido de la oposición fracturado, seis millones de parados, desahucios a mansalva, todo parece indicar que puede iniciarse en España un proceso de cambios de los que no se puede anticipar su alcance. Los que han pillado grande cacho en el sistema vigente, se aferran al poder con todas sus fuerzas y maquinan lo que llamarían una segunda transición dirigida por ellos. Un cambio de imagen que deje las cosas como están. Una mano de chapa y pintura que diría el averiado, está en un hospital en estos momentos, Juan Carlos de Borbón. Una abdicación en su hijo Felipe, al que se vende como un joven muy bien preparado, cuando en verdad no ha evidenciado hasta el momento más que forofismo deportivo. Las presiones para que el rey abdique son tan fuertes como las que está recibiendo para que resista y no lo haga. Hay un miedo difuso a que la situación pudiera devenir caótica.
   No se quiere contar para nada con el pueblo, pero la gente se organiza, protesta, se manifiesta, opina libremente. La aversión al sistema es cada vez más extensa e intensa. La sociedad española, que se situó a la vanguardia del movimiento pacifista mundial contra la guerra de Irak, es una sociedad pacífica, que no quiere ni violencia ni caos, que resiste las consecuencias de la corrupción del sistema sin ira, pero que recibiría con alborozo un cambio político, económico y social, que supusiera más justicia, más ética y más trabajo para todos. Mantener el actual desorden parece ya casi imposible, pero cambiarlo, parece igual de imposible. Así se hace la Historia.

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